viernes, 8 de agosto de 2014

La Colonización Antioqueña: una empresa cooperativa.
Jaime Fernández Botero.

En 1949  James Parsons, profesor de la Universidad de Berkeley, publicó la obra La Colonización Antioqueña en el occidente de Colombia; la investigación, producto de varios años de riguroso trabajo de campo, se convirtió en un referente de la historiografía nacional. Posteriormente sus postulados, fundados en una presunta sociedad democrática e igualitaria conformada por pequeños y medianos propietarios, fueron rebatidos ferozmente por otros historiadores catalogándolos como” leyenda rosa”  y a manera  de conclusión definitiva refrendaron  el axioma “el hombre ha sido siempre un lobo para el hombre”, muy en boga en la época de la Guerra Fría. En la comunidad académica quedó como un dogma la lapidaria hipótesis; cualquier alusión en contravía era catalogada como carente de rigor histórico por ser ya “un caso juzgado” como diría un abogado y la investigación de Parsons devaluada hasta el punto de encontrar en algunos de sus textos, expresiones peyorativas y descalificadoras transcritas a mano:” estos conceptos están revaluados” y “… ¡mentiras!”.


Marsella , Risaralda llamado el Municipio Verde de Colombia, aún conserva parte de los atributos y la herencia de la Colonización Antioqueña.


Pero, si bien es cierto, en la referida diáspora intervinieron terratenientes y especuladores de tierras que acosaron a los colonos (Concesiones Aranzazu y Burila) y la violencia también tiñó con sangre las aldeas y sementeras ( en el siglo
XIX, cada diez años en promedio los” Padres de la Patria”, bajaban de su pedestal y orquestaban funestas guerras civiles), la esencia colectiva de la época trascendió e incidió para formar pueblos comunitarios, solidarios y comprometidos con su querencia, gracias a instituciones que propiciaron la construcción del patrimonio público con base en el trabajo colectivo, las relaciones de confianza y la intervención de la ciudadanía por medio de juntas en la marcha institucional.




Antecedentes.


Después de 1830, La Nueva Granada siguiendo claros objetivos orientados a establecer una política agraria en beneficio de sectores campesinos pobres, comienza a adjudicar tierras baldías para la fundación de nuevas poblaciones. La ley fundamental que propiciaría el impulso de la agricultura en el país, fue dictada el 6 de mayo de 1834 y sancionada por el  general Francisco de Paula Santander, alusiva a  “la colonización y repartimiento de tierras baldías”. Esta norma constituyó una verdadera ley marco que reguló la entrega de tierras durante el siglo XIX, bajo pautas de equidad, ofreciendo además a los potenciales pobladores  estímulos adicionales como exención de tributos y exoneración de reclutamiento.


La referida ley disponía “que cuando algunos individuos quieran establecerse en parajes desiertos o baldíos a propósito o para el establecimiento de nuevas poblaciones, el Poder Ejecutivo podrá conceder, con tal objeto, hasta doce mil fanegadas de tierras baldías para cada población. A cada cabeza de familia se le podrían asignar hasta sesenta fanegadas, teniendo en cuenta sus recursos y el número de sus integrantes, pero en ningún caso se podían dar tierras a personas que no fijaran su residencia en las nuevas poblaciones, medida importante para evitar la especulación con los predios otorgados. Pero, además de la adjudicación de las tierras, la norma fijó una serie de estímulos a los colonizadores, tales como el establecido en el artículo 4º, que exoneraba el pago del impuesto del diezmo eclesiástico por veinte años a las plantaciones y sementeras de los pobladores contados a partir de la entrega de las tierras; el artículo 5º determinaba además, que “los individuos que fijen su residencia en las nuevas poblaciones estarán esentos (sic) del alistamiento para servir en el ejército, por el término de veinte años”



El colono una vez firmaba el acta de avecindamiento, tenía derecho a un predio en la parte urbana y hasta sesenta fanegadas de tierra en el campo.( vereda Colmenas Santa Rosa de Cabal)


Las directrices trazadas por la citada norma fueron reproducidas en innumerables decretos y leyes expedidos por los Presidentes de la República y el congreso facilitando a cada población doce mil fanegadas de tierras de las cuales se entregaría a los colonos un predio en la zona urbana para vivienda y una posesión de campo para efectuar sus labores agrícolas.
Muchas aldeas surgieron al amparo de la citada legislación y con otras que regulaban las obligaciones o “cargas” de los habitantes con los distritos irían a sentar las bases para transformar la economía nacional cuando el café se insertó en el comercio internacional, elevando la calidad de vida de un gran sector de la población colombiana.

I
NSTITUCIONES QUE REGULARON LA CONVIVENCIA SOCIAL DE LOS PUEBLOS DE ORiGEN ANTIOQUEÑO.

Pero aparte de la entrega de tierras, el legislador expidió también una serie de disposiciones para reglamentar todos los aspectos inherentes a las relaciones laborales, sociales, políticas de las nacientes comunidades donde, en un medio hostil y adverso, el trabajo se constituía en el aceite que alimentaba y mantenía viva la llama de la esperanza. Los pueblos nacidos en la Colonización Antioqueña  estaban cohesionados por normas que obligaban a realizar colectiva y gratuitamente las obras públicas como caminos, escuelas, templos, casas consistoriales propiciando la consolidación  de relaciones  de confianza y otros valores inherentes a la esencia solidaria y cooperativa de la época. La recopilación Granadina, las ordenanzas provinciales y el código de régimen político municipal establecieron un marco normativo para que gobernadores, alcaldes, cabildos y corregidores de las entidades territoriales de Cauca y Antioquia expidieran sus decretos y algunos de ellos obraran inspirados en el lema: “Dios y Patria”.

A pesar de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero como Patrimonio de la Humanidad, vemos con tristeza como muchas de las viviendas representativas de las técnicas constructivas raizales  están adportas de desaparecer ante la indiferencia de propios y extraños. Histórica casa ubicada en el sector de Guaimaral.


La lectura del bando en la humilde plaza principal para promulgar y dar a conocer las leyes, decretos y acuerdos; el acta de avecindamiento; la clasificación que establecía el trabajo personal subsidiario; la fianza para guardar la paz, las juntas de caminos, los cargos ocupados a título oneroso o gratuito, la conformación de juntas para administrar la inversión de los dineros públicos en obras como escuelas nos revelan los fuertes vínculos solidarios y colectivos de las poblaciones.

Es importante y para una mayor comprensión de la esencia de la época en la región cafetera, plasmar algunos aspectos de la cotidianidad de los habitantes en los albores de nuestra cultura para demostrar que fue un proceso digno de reivindicar, porque toda época tiene su esencia y la esencia de la colonización fue colectiva.



La Coloinización Antioqueña, además de instituciones colectivas y solidarias nos dejó una técnica constructiva con base en el bahareque que en nuestra región adquirió múltiples ropajes. En la foto Jaime Fernández B. en el Porvenir, vivenda hecha del llamado bahareque de tabla. propio de las zonas altas.


El Bando.


El bando, en una región marcada por una extensa, arisca y abrupta topografía constituía el medio de comunicación por excelencia para los aislados habitantes de los distritos, rodeados por poderosas barreras naturales. No sólo cumplía con la trascendental  función de dar a conocer y difundir las leyes del gobierno central, las ordenanzas provinciales, los acuerdos de los concejos y los decretos de los alcaldes, estableciendo un vínculo entre gobernantes y gobernados; también servía como vehículo para trasmitir los mensajes de las autoridades y las novedades de la región, por eso, el domingo tenía para la población, aparte del descanso y la misa parroquial, un valor agregado: el bando.

El sonido del tambor convocaba a los parroquianos en torno al alcalde y las autoridades para escuchar la voz engolada y solemne del pregonero encargado de promulgar normas y comunicar las buenas nuevas; así, a la salida de Misa Mayor, la comunidad acudía por la fuerza de la costumbre a una obligada cita cívica social en la plaza principal; entre los cotilleos y charlas previas y posteriores al acto, los habitantes se enteraban desde la publicación de las Constituciones hasta los elementales actos administrativos reguladores de su actividad cotidiana como la obligación de enviar sus hijos a la escuela, no permitir el ganado estéril en los ejidos, no dejar vagar libremente cerdos, ganados, perros o animales feroces en las calles y plazas de la población; blanquear las fachadas de las casas; mantener limpios los caños; cercar y bardar los solares con tapias; cumplir con la obligación de servir como policía cívico cuando las circunstancias lo ameritaban, en especial en las fiestas parroquiales, no deambular en estado de embriaguez por calles y lugares públicos etc.


Hermosa casa típica , sector del Planchón . Ante el peligro de desaparecer es necesario establecer por parte del Estado y los propietarios proyectos para su valoración y preservación.


Acta  de avecindamiento.

El avecindamiento era un acto formal que vinculaba legal y afectivamente al colono con el pueblo elegido para residir; generalmente el proceso de adopción tenía un filtro: para garantizar la solvencia moral del interesado se le exigía al nuevo poblador un certificado de buena conducta expedida por la primera autoridad del distrito de procedencia. Una vez ejecutoriado el acto, el ciudadano avecindado tenía la posibilidad de convertirse en adjudicatario de determinado número de hectáreas de terrenos baldíos  cedidos por el gobierno nacional a los municipios para promover procesos poblacionales, en compensación el colono aportaba su fuerza de trabajo para laborar determinados días al año en las obras públicas como caminos y puentes y otros compromisos necesarios para el progreso de la aldea o distrito.

Al respecto transcribimos apartes de un decreto expedido por el corregidor de la aldea de Cabal, Saturnino Portocarrero, el 21 de abril de 1850, precisando los requisitos para el avecindamiento:

“Art. 5. Todo individuo que pretenda avecindarse en este lugar traerá un certificado o credencial de la autoridad del vecindario que deja y lo presentará al juez a tiempo de inscribirlo en el libro de vecinos.

Art. 6. No se dará alojamiento a ninguna persona conocida por salteador, asesino, ladrón, desertor, presidiario, esclavo o reo de cualquier clase que sea, antes bien en el acto se dará cuenta a la autoridad de que existe en el poblado o en el campo una persona o personas de esta clase bajo severísima responsabilidad, sujeto a la multa que hay lugar y demás cargos.”

El tenor del acta referida era el siguiente: “En el distrito de Santa Rosa de Cabal a 5 de octubre de 1859, se presentó el señor Rafael Nieto del distrito de La Unión, manifestó ser su voluntad el desavecindarse de aquel distrito, agregarse a éste, quedando por consiguiente obligado a llevar las cargas vecinales del mismo; en tal virtud, yo, el alcalde, de conformidad con lo que dispone el artículo 4, de la ley 7, parte 2 y tratado primero de la recopilación granadina admito a dicho señor Nieto su vecindad en este distrito de cuyo efecto procedo a asentar la presente diligencia que firma el interesado conmigo, el alcalde por ante el secretario el cual dará copia certificada autorizada de esta diligencia a dicho señor Nieto.
Firmas: El alcalde Benito Buriticá. Rafael Nieto. Rafael María Gómez, el secretario.(1)

El trabajo Personal Subsidiario.  

El trabajo personal subsidiario fue sobre todo en los comienzos, un crisol de valores y fuente de progreso. Para moldear una naturaleza inhóspita y salvaje se requería el concurso de toda la comunidad: por consiguiente, el trabajo colectivo, además de ser impetuosa fuerza transformadora y de establecer vínculos de solidaridad entre los vecinos, se constituyó en matriz donde se gestaron valores característicos de la época: la buena fe, el compromiso con la región, la solidaridad y el sentido de pertenencia.

Esta trascendental institución clasificaba a los ciudadanos por clases de acuerdo con su capacidad económica y les imponía la obligación de trabajar un número determinado de días en las obras necesarias para el progreso de la aldea o distrito.

El trabajo personal subsidiario sufrió modificaciones para adaptarlo a las particularidades de los distritos y los cambios sociales y el marco legal era establecido por una norma superior ya sea una ordenanza de la asamblea provincial, máximo órgano legislativo de la provincia o una ley de la legislatura del Estado, cuando el Cauca adquirió el referido rango.

Los distritos eran divididos en fracciones y de cada fracción se hacía la lista de los residentes obligados a cumplir con el trabajo personal; la lista se fijaba en un lugar público a manera de notificación para que quienes tuvieran alguna objeción hicieran los reclamos pertinentes. La jornada se iniciaba a las siete de la mañana hasta las 5 de la tarde y se laboraba en los caminos, construcción de escuelas, cementerios o casas consistoriales.


Históricas huellas del Camino del Privilegio, construido por los habitantes de Villamaría y Santa Rosa de Cabal cuando pertenecían al Estado del Cauca.

El t.p.s. en Pereira. En 1871 la aldea de Pereira tenía apenas ocho años de existencia y como desde su fundación el trabajo personal subsidiario se convertía en una poderosa fuerza de progreso y de integración social, marcando el sendero que la convertiría años después en una de las ciudades más importantes de Colombia; en el citado año el trabajo de los vecinos se aplicó “en la apertura del camino que por “El Morrongo” pone en comunicación esa aldea con la Villa de Salento, en la composición del local de la escuela, construcción y mejoras de las demás obras públicas y en traer el agua a la población del punto denominado “Los canceles”(2)

Mucho después de haberse terminado el trabajo personal los habitantes de Pereira seguían construyendo obras comunitariamente como el aeropuerto; la memoria colectiva seguía marcando el rumbo de los fundadores y a los acordes de animadas canciones abocaban con entusiasmo la construcción del patrimonio público, como aquella tonada, muy popular entonces, que expresaba:” Villa olímpica haremos en Pereira…”
Con el paso del tiempo la institución fue sufriendo modificaciones permitiendo a quien tuviera recursos económicos cancelar en dinero la obligación o enviar un reemplazo. Casi empezando el siglo XX una Junta de Caminos integrada por el personero y un grupo de ciudadanos administraba los dineros  de los habitantes  que se invertían en la composición y mantenimiento de las vías públicas.

El trabajo personal subsidiario generó trascendentales obras como el Camino del Privilegio catalogada como la vía más trascendental del Estado del Cauca construida por el consorcio Abadía y Compañía integrado por los distritos de Villamaría, Santa Rosa y el empresario Félix de la Abadía y gracias a esta institución las comunidades sintonizaron sus cabeceras con fracciones, partidos  o abiertos distantes que con el tiempo adquirieron jerarquía y fueron erigidos en aldeas o distritos parroquiales. Además  propició las relaciones de confianza inherentes al devenir de los pueblos de la colonización, generando figuras jurídicas como La fianza para guardar la paz, valiosa institución que fundamentó el espíritu de convivencia de los pueblos de la región.




El trabajo personal fue la institución que les permitió a las nacientes poblaciones la realización de obras trascendentales para su progreso como El Camino del Privilegio. ( pintura de Ramón Torres Méndez)


Caminodel Madroño en inmediaciones de La Joseina, ruta entre Santa Rosa
e Ibagué.


La Fianza para Guardar la Paz.

Esta figura evitaba que un incidente inicial entre dos ciudadanos originara una transgresión mayor y consistía en la garantía otorgada por un vecino para no vulnerar el derecho de otro. Cuando dos parroquianos tenían diferencias o rencillas, el alcalde los citaba a la casa consistorial; cada uno debía llevar un fiador. En el libro de Fianzas para Guardar la Paz quedaba consignado el compromiso de los fiadores garantizando el buen comportamiento de alguien belicoso y provocador. Si a pesar de haberse firmado el compromiso se desencadenaba la agresión, el avalador debía pagar una multa y si no lo hacía o carecía de bienes, la sanción pecuniaria se convertía en cárcel que a su vez podía ser conmutada por trabajos en obras públicas. Por lo general, al principio  los habitantes de la región acudían sin resistencia al llamado de algún vecino para que les sirviera de respaldo. La palabra empeñada tenía en los usos sociales de la época el valor de una escritura pública y pocas veces los fiadores tenían que asumir la responsabilidad en cárcel o dinero por la violación de una fianza.




La esencia de la época, signada por el espíritu colectivo y las relaciones de confianza se manifestaba en todas las actividades cotidianas. Aún se acostumbra dejar monedas en torno de una imagen del camino para que algún anónimo viajero deje su equivalente en velas, las encienda y rece una oración por quien dejó la ofrenda inicial. (Vírgen del Camino, camino del Madroño entre anta Rosa e Ibagué)



El espíritu colectivo de la época se capta plenamente con esta institución donde los mismos ciudadanos se convierten en garantes de la tranquilidad pública y la convivencia social. Estuvo vigente hasta muy entrado el siglo XX, cuando la esencia colectiva de la sociedad va desapareciendo para dar paso al individualismo y al interés en el lucro inherente a la época actual; al repetirse las transgresiones a la fianza y  los garantes verse abocados a responder con su peculio o libertad, nadie acepta cumplir el rol de fiador. Las nuevas realidades sociales presionan el cambio de la norma y la fianza desapareció para dar paso a una conminación personal donde sólo respondía con sus bienes o libertad quien violara el compromiso de no agresión estipulado en el acta de conminación.


La trascendental institución se hizo extensiva a otros casos donde la convivencia social se afectaba y prácticamente dirimía todo conflicto: bajaba la temperatura a las rencillas ente vecinos, surgidas especialmente los domingos al calor del aguardiente; restauraba la armonía en el hogar rota por las reyertas entre cónyuges; mantenía a raya al amante clandestino que furtivamente y sin la bendición nupcial, deshonraba y pulverizaba en el lecho las virtudes de alguna joven.

Transcribimos a continuación el compromiso suscrito por un fiador para garantizar el cumplimiento de los deberes matrimoniales por parte de un ciudadano: ”el 15 de mayo de 1904, se presentó a la alcaldía, Rafael Rivera, mayor de edad, vecino de esta ciudad y persona de reconocido abono y expuso que se constituye fiador del señor Rafael Giraldo de hoy en adelante, garantizando que suministrará a su esposa María J.B. y familia los auxilios necesarios para su subsistencia y de hoy en adelante no volverá a abusar de los derechos que tiene como jefe de su hogar para volver a dar trato cruel a su esposa ni en palabras, ni en hechos: que garantiza la fianza en la suma de $500ºº que pagará a la tesorería del municipio en caso de que Rafael G. incumpla con sus obligaciones en el hogar.”(3)

Camino de entre Potreros y el histórico puente de Santa Ana sobre el río Campoalegre.

“Hoja de congo social”. Dentro de la amplia gama de plantas silvestres de la región, hoy como el resto de la flora nativa arrasada impunemente, sobresalía la hoja de congo por sus múltiples usos. Se decía que hasta “unas saludes se enviaban en una hoja de congo”; pues bien, la Fianza para Guardar la Paz era la “hoja de congo social”: se empleaba para sofocar todas las rencillas parroquiales y aparte de prevenir enfrentamientos, con algunas variantes, permitía el cumplimiento de otros compromisos sociales o legales: en 1905, cuando el municipio de Santa Rosa necesitaba con urgencia un maestro en el arte de los telares para adiestrar a sus habitantes en esta técnica artesanal, uno de los concejales firmó una fianza comprometiéndose a responder personalmente o con sus bienes, si Martín Cañas, preso en la cárcel de Popayán y designado para impartir la referida instrucción, se escapaba durante el traslado o durante la estadía en la ciudad en cumplimiento de su misión. La empresa culminó con éxito; Cañas difundió su conocimiento, hasta tal punto que hoy los ponchos, hamacas y otros productos afines siguen dinamizando la economía local.

El historiador Ricardo Sánchez A. nos refiere en su Historia de Pereira un dramático incidente que revela la naturaleza de la referida institución. Manuel José Gordillo, vecino de Ibagué, llegó en 1896 a la ciudad de Pereira. Gracias a su don de gentes y su talento natural para moverse en el exclusivo círculo social de la ciudad, se comprometió en matrimonio con una agraciada joven con la complacencia de la élite local. Pero un inesperado requerimiento efectuado desde Ibagué lo conminaba a presentarse en dicha ciudad, en el término de la distancia para aclarar la compra de un semoviente. El auto pedía la remisión “con las seguridades del caso”; esto es, debidamente escoltado por los gendarmes, hecho que en la época lesionaba el honor y la dignidad del personaje.

Sin embargo, podía evitar la embarazosa escolta y acudir al llamado de la justicia sólo, sin guardias y sin desmedro de su decoro, si alguno de su círculo de nuevos amigos, mediante la firma de una fianza, garantizara su presencia en Ibagué. Gordillo, aunque aceptado provisionalmente en el seno de la comunidad, no hacía parte de ésta y no estaba arropado por las relaciones de confianza suficientes para gozar del aval de un fiador; por lo tanto, no encontró a nadie dispuesto a firmar la fianza. Ante la  “infamante” perspectiva de marchar en calidad de detenido, Gordillo se descerrajó un tiro en la boca.

Dejó una carta explicando las razones para tomar tan dramática decisión:
“El cadalso es altar,
La prisión, honra:
Todo bien por la Patria es pan bendito;
Sólo una cosa aflige: el deshonor.

sí decía don Lázaro María Pérez, y a decir verdad, no había yo medido la intensidad de aquellas palabras hasta que hoy la villanía de un hombre ha venido a mancillar mi nombre y mi honra ante los cultos habitantes de esta simpática población; y digo empañar, porque las pocas personas de recto criterio de quienes he solicitado fianza para trasladarme libre a Ibagué, se han esquivado de prestarme este servicio, confirmando de este modo la afrentosa falta que se me imputa, sin tener en cuenta estos señores, que con mi permanencia en Pereira, no he pensado en rehuir el cuerpo. Si el presente caso me hubiera sorprendido en cualquiera otra de las poblaciones del Cauca o de Antioquia, yo me hubiera resignado a salir preso, pero de Pereira no puedo hacerlo, no y mil veces no, quizás haya quién comprenda la causa; ¡antes, prefiero ir a tocar las puertas de lo invisible!

El negocio con el señor Troncoso de Ibagué fue el siguiente: yo le compré un caballo y un galápago por la cantidad de cuarenta y cinco pesos y a cuenta del negocio, le di veinticinco pesos, quedándole a deber sólo la cantidad de veinte pesos. Eso es todo.

Si algún gasto ocasiona mi muerte, deben pasarle la cuenta a mi padre, el señor Antonio J. Gordillo, quien vive en la población de Miraflores en el departamento del Tolima”  (4)           

El tema de la Colonización y los albores de nuestra cultura  está muy lejos de estar agotado y cerrado con el sello de “suficiente ilustración”; es mucho lo que falta por escrutar y reivindicar en este interesante proceso histórico, con mayor razón ahora que la UNESCO reconoció su trascendencia declarando al Paisaje Cultual Cafetero,  Patrimonio de la Humanidad.



Bibliografía:
(1)  Archivo de Santa Rosa 
(2)  Archivo de Santa Rosa 1871
(3)  Archivo de Santa Rosa 1904.
(4)  Sánchez A. Ricardo. Pereira, 1875-1935. Colección Clásicos Pereiranos. Edit Papiro. 2002. P.99-102.

      

  



 








      






  

    














 






  



  









     






    


        

                  



viernes, 25 de julio de 2014

Camino Santa Rosa Marsella: la ruta del trueque.

El 13 de octubre de 1844 el presidente Pedro Alcántara Herrán autorizó la fundación de un sitio llamado Cabal ubicado en la Provincia del Cauca, Cantón de Cartago, República de la Nueva Granada. En 1852 la aldea fue erigida a la condición de Distrito Parroquial con el nombre de Santa Rosa de Cabal. La ciudad fue la primera población de origen antioqueño fundada en territorio caucano y muy pronto sus habitantes, trabajando gratuitamente como era el espíritu de la época, empezaron a construir puentes; caminos como el del Privilegio que unió al Cauca con Antioquia desde Cartago a Villamaría y vías para comunicar  las  distintas fracciones de su extenso territorio. Con el tiempo algunos de estos caminos propiciaron el florecimiento de importantes ciudades como San Francisco (Chinchiná) y Villamaría poblaciones cuyos territorios se segregaron de Santa Rosa una vez adquirieron independencia administrativa. 

Hasta finales del siglo XIX, en 1888, para ser más preciso,  los habitantes seguían reclamando una indemnización por las tierras perdidas en los referidos procesos fundacionales.

Santa Rosa y Marsella, dos ciudades unidas por la historia. En 1860, Pedro Pineda y un grupo de pioneros venidos de Villamaría fundaron a Marsella con el nombre de Villarrica y desde ese momento sus fundadores establecieron con Santa Rosa fuertes vínculos comerciales, religiosos y político administrativos.

Pedro Pineda y sus compañeros venían con frecuencia a Santa Rosa con el fin de adquirir semillas de tabaco, algodón cabuya y plátano y a su vez traían el hobambo, un tubérculo del cual se extraía una especie de almidón y que en épocas de penuria o de guerra como la de 1885 se empleaba como alimento, pues los bandos en disputa, voraces como langostas, asolaban la región reclutando campesinos, imponiendo contribuciones forzosas, expropiando y destruyendo las obras construidas con el esfuerzo colectivo como el puente sobre el río Otún y la escuela arrasando la incipiente economía local.

Desde el Alto del Rayo La Montaña Encantada del Chuzo se veía a los ojos de los fundadores imponente, majestuosa,, 1,inquietante1



El Alto del Chuzo visto desde territorio de Marsella.

La fe fue  uno de los valores trascendentales de los colonizadores antioqueños; inspirados con el lema "Dios y Patria" forjaron con civismo y desinterés una comunidad a la altura de sus ideales. En momentos en que por diferentes circunstancias los habitantes de Segovia  no podían contar con la presencia del sacerdote para rituar todos los actos propios de los sacramentos y la liturgia católica emprendían el largo y tortuoso camino a Santa Rosa para celebrar una boda o bautizar a un niño. El primer matrimonio en la naciente comunidad lo realizaron el señor Justo Bedoya y la señora Valeria Pineda; la pareja emprendió un largo viaje a Santa Rosa donde con anticipación se habían corrido las admonisiones pertinentes. conminando a los fieles a "hablar ahora o callar para siempre" respecto de algún impedimento que los contrayentes pudieran tener para celebrar la boda. 



Para desafiar las inquietantes presencias de la Montaña Encantada había que portar un gajo de ajos, el cordón de San Blas y una oración en los labios. 

 Aunque el  camino era áspero y abrupto y los rigores del clima ponían a prueba el temple de los jóvenes, el embriagador paisaje los energizaba y fortalecía: desde el Alto del Rayo y La Miranda el enigmático Alto del Chuzo y su entorno embriagaba los sentidos  atenuando los rigores del clima y la ardua jornada. El río San Francisco calmó su sed y mientras descansaban arrullados por sus susurros y los trinos y gorjeos de los pájaros que medraban en el extenso dosel verde formado por carboneros, sietecueros, yarumos , lembos y arrayanes observaron con admiración no exenta de inquietud el Alto del Chuzo; se decía que al ingresar a los dominios de "La Montaña Encantada" extrañas presencias poblaban el sector: una gallina con pollitos de oro, puertas que se abrían, el tañido de una campana rayos y centellas caían como metralla en torno de los viajeros y bolas de fuego gravitaban en torno de la piramidal mole. Como había una misión que cumplir y además para vencer a los fantasmas y los endriagos no había que mostrarles miedo la pareja reanudó la marcha no sin antes sacar de su equipaje un gajo de ajos, una estampita y el cordón de San Blas para conjurar los hechizos. Llegaron su novedad al  Componete en las goteras de la aldea de Santa Rosa; allí con el agua refrescante de un cantarino manantial se limpiaron el sudor; humedecieron y peinaron sus leonadas cabelleras y  cambiaron sus trajinadas y empantanadas cotizas tragaleguas por un reluciente calzado especialmente escogido para la ocasión. Previo a la bendición los contrayentes debieron escuchar la oración a los casados: " Señor, sed propicio a nuestros ruegos, y acompañad con nuestra bendición el Sacramento que instituisteis para la propagación del género humano, para lo que es unido por vuestra autoridad, se conserve por vuestra asistencia ...".

Al finalizar la ceremonia quedaron en sus mentes grabadas para siempre las palabras de Sor Juana Inés de la Cruz expresadas por el sacerdote durante la misa de casamiento: " ha de ser una fidelísima esposa tan unida a su caro consorte en lo próspero como en lo adverso; tan fina en la tristeza como en la alegría; tan amante en la muerte como en la vida". Habían recibido el lazo que atado a su cuello forma el nudo que sólo se dasata con la guadaña de la muerte. Les esperaba el largo camino de regreso a casa pero exultantes como estaban, no lo sentirían, habían sellado su amor con la bendición divina los esperaba su querencia solariega y la comunidad unida por relaciones de confianza surgida del trabajo comunitario que construiría las escuelas, los caminos, el cementerio, la Casa Consistorial en forma colectiva y gratuita dejando la semilla para forjar en el futuro El Municipio Verde de Colombia inspirado en los  valores de los colonizadores y honrando su legado ambiental y cultural. 



... Regresaron exultantes a su querencia solariega y a construir con la comunidad el patrimonio público: caminos, cementerio, casa consistorial dejando la semilla para forjar en el futuro el Municipio Verde de Colombia inspirado en los valores de los colonizadores y honrando su legado ambiental, arquitectónico y cultural.

Pero además de los vínculos que estableció el comercio y la fe entre las dos poblaciones; en determinado momento de la historia Santa Rosa y Marsella estuvieron políticamente integrados. En 1876 los Estados Unidos de Colombia vivió otra de las muchas guerras civiles y, como ocurría siempre que los "héroes de la Patria" se bajaban de su pedestal para mantener por las armas sus pretensiones ideológicas y de poder, el patrimonio público que las poblaciones habían construido con su trabajo colectivo y gratuito era arrasado por los ejércitos en contienda: el puente sobre el río Otún de "madera fina labrada"erigido en 1852 por los santarrosanos  fue arrasado por el ejército del gobierno y la escuela corrió idéntica suerte; además los pupitres y útiles  escolares quedaron esparcidos por los alrededores. $800.ºº Fué el valor que el Estado prometió cancelar para resarcir el daño causado, pero nunca se concretó la referida indemnización.
En el siglo XIX cada diez años los héroes de la Patria se bajaban de su pedestal para efectuar una guerra civil, después de la contienda quedaban destruidos los puentes, las escuelas y el patrimonio público que con esfuerzo y trabajo colectivo habían erigido los habitantes de las aldeas. (Histórico puente  de Santa Ana , sobre el río Campoalegre en Santa Rosa de Cabal)

Marsella no corrió con mejor suerte de acuerdo con la misiva enviado por el alcalde al Jefe Municipal del Quindío expresando: " ..el archivo de Segovia desapareció con la retirada del ejército rebelde de Antioquia cuando ocupaba las riberas del río Otún." 

El caos post conflicto hizo que el Jefe Municipal del Quindío con sede en Cartago ordenara al alcalde de Santa Rosa pasar al caserío de Segovia para dar cuenta  de los daños materiales registrados y efectuar el inventario de los elementos de guerra existentes. Las circunstancias exigieron que el corregidor de Segovia y la población dependieran de Santa Rosa y así en 1877, cuando se discutía la conformación del presupuesto de la citada ciudad para el año 1878 se incluyeron los gastos de la aldea de Segovia y para tener suficientes elementos de juicio para elaborar el aludido acto administrativo a instancias del alcalde, se desplazaron a Santa Rosa "dos personas honradas" para informar al cabildo sobre "la contribución directa que le cabe al caserío para los gastos de todo el año, es decir para pagar los sueldos del secretario, el preceptor de la escuela y el agrimensor oficial que debía medir las 3000 hectáreas que le corresponden al caserío. Al preceptor de la escuela Luciano Jaramillo se le adeudaban cuatro meses de sueldo.

Una vez aprobado el presupuesto de Gastos de Santa Rosa que incluía también las rentas y gastos de Segovia, era dado a conocer por bando en las dos localidades  haciendo la promulgación ante toda la población después de un toque de tambor.         
Corregimiento de El Español. La memoria colectiva de la fracción aún recuerda con cariño las gestas cívicas y religiosas del sacerdote Jesús María Estrada.
Desde 1913 El Español fue erigido como corregimiento de Santa Rosa de Cabal, como reconocimiento a su potencial agrícola y económico. La memoria colectiva del casería aún recuerda con admiración y cariño la dinámica presencia del padre Jesús María Estrada quien a través de  las fiestas patronales integró a toda la comunidad alternando los oficios propios del culto con el jolgorio y la sana diversión promoviendo carreras  de caballos, varas de premio, cantarillas para adquirir fondos con destino a obras sociales  y optimizando la alegría y la espontaneidad de los campesinos, su más preciado valor. La vecindad con el municipio de Marsella generó que en determinada época los niños nacidos en el corregimiento eran registrados allí.  


Tras las huellas del antiguo camino que unió a Santa Rosa con Marsella.

 El miércoles 9 de julio realicé un recorrido por el camino que integró a Santa Rosa con Marsella con el fin de identificar los hitos culturales, históricos y ambientales de la ruta y así explorar las posibilidades de ampliar la oferta turística del municipio. Me acompañaron los ciudadanos españoles Marcial y Miguel Sagra, Armando oriundo de Cuba, Juan Carlos Ortega, Andrés Mauricio Gutiérrez, Edgar Castrillón camarógrafo de nuestro programa de televisión Panorama Regional y varias personas más vinculadas con el turismo.    

El grupo de promotores turísticos salió de La plaza de Bolívar rumbo a Marsella.



A medio camino entre El Boquerón y El Alto de la Cruz identificamos las huellas de la histórica ruta por donde durante muchos años los dos pueblos tuvieron fuertes vínculos sociales y económicos por desgracia hoy completamente olvidados.

Además del paisaje y las impactantes imágenes  de Santa Rosa, Dosquebradas, Pereira y el puente helicoidal nos llamó la atención la existencia de una pequeña cruz ubicada en el patio de la vivienda cercana a las huellas del arcaico camino, Su diseño y dimensiones no coincidían con el símbolo que en el mes de mayo erigen nuestros campesinos al que además se le adhiere en la confluencia de los dos maderos una bolsita con maíz, arroz, fríjoles y otros alimentos para atraer la abundancia y erradicar la penuria . Pues resultó que no era una cruz y de acuerdo con sus moradores, una familia de orígen tolimense, el referido artefacto era conocido en su cultura como "trapiche" y no se empleaba para ahuyentar brujas o espantos; se usaba para enseñarle a caminar a un rozagante y rubio bebé que estaba muy distante de tener los rasgos pijaos propios del Tolima Grande.   


Las venas por donde fluía el progreso. Huellas del histórico camino un poco antes del Alto de la Cruz. (foto Andrés Mauricio Gutiérrez)


El simpático "trapiche" y el bebé dando los primeros pasos. (Foto Andrés Mauricio Gutiérrez)



La animosa caravana continúa su marcha admirando el cambiante paisaje hasta llegar a la Cruz  construida  en 1940  por el Padre Pinzón con la ayuda de toda la población. El trascendental monumento para los santarrosanos, además de ser símbolo tutelar de la población, también cumplía la función de atenuar o conjurar las fuerzas invisibles que de diferentes formas influían en viajeros y transeúntes irradiadas por la montaña del Chuzo.



La Cruz de Guaimaral construida en 1940 por el padre Pinzón, como símbolo tutelar de la ciudad.
 
La gaviota. Al continuar el recorrido el grupo de expedicionarios encuentra  un lugar que debe ser conocido por los amantes de la naturaleza y los niños de la región, ubicado en el sector del Chuzo: se trata de la finca LA GAVIOTA, de propiedad de la Chec. El citado predio constituye un verdadero santuario natural  con un atractivo sendero ecológico rodeado por árboles nativos que le ofrecen a las aves, perros de monte, coatíes, reptiles, marsupiales, perezosos y en general a toda la acorralada y perseguida fauna silvestre un edénico refugio digno de exaltar. La esplendorosa reserva ambiental además de albergar especies nativas protege las fuentes de agua que alimentan los acueductos del corregimiento del Español, La Florida y otras veredas de la zona rural.
Finca La Gaviota, de la Chec. Reserva ambiental y refugio de nuestra acorralada y perseguida fauna silvestre. Un lugar que debe ser visitado por los amantes de la naturaleza y sobre todo por los niños.


El predio La GAVIOTA , además de valioso nicho ecológico y refugio de la fauna silvestre  protege y mantiene las reservas acuíferas que alimentan las fuentes de agua que abastecen los acueductos del Español , La Florida y otras veredas de nuestra zona rural.


El sendero ecológico atraviesa extensos sembrados de guadua y árboles nativos, ofreciendo una experiencia sublime al caminante: la vegetación se entrelaza formando hermosos laberintos mientras sobre el verde dosel se escucha la nostálgica letanía del "tres pies" o el animado canto del turpial.



Unas veces una fina grama cubre a manera de tapete el suelo; otras sentimos el crujir de la hojarasca al ritmo de nuestros pasos; pintorescos puentes se erigen graciosamente sobre los numerosos riachuelos armonizando con el entorno. No resistimos la tentación de caminar descalzos como Borges lo expresó en su poema INSTANTES.


El sector de la Cruz y el Chuzo poseen sectores con bosque de niebla. Bosque de niebla en La Cruz ¿ cuanto resistirá a nuestra indiferencia, a la crisis económica y a los zarpazos de la globalización.

El sendero ecológico atraviesa extensos sembrados de guadua y árboles nativos, ofreciendo una experiencia sublime al caminante: la vegetación se entrelaza formando hermosos laberintos mientras sobre el verde dosel se escucha la nostálgica letanía del "tres pies" o el animado canto del turpial; unas veces una fina grama cubre a manera de tapete el suelo; otras sentimos el crujir de la hojarasca al ritmo de nuestros pasos; pintorescos puentes se erigen graciosamente sobre los numerosos riachuelos armonizando con el entorno. No resistimos la tentación de caminar descalzos como Borges lo expresaba en sus añoranzas, o de imitar a los japoneses quienes al ingresar a sus santuarios dejaban sus zapatos afuera y con ellos las malas energías acumuladas en el smog, la polución, la insolidaridad y el desasosiego de la ciudad. Sentimos como nuestros indígenas la caricia de la tierra, ajena al blindaje de cemento que "el progreso" desdibujó; sintonizados con la Pacha Mama nos convertimos en un polo eléctrico de circuito abierto canalizando e impregnándonos de la fuerza y las energías de la naturaleza.
              
Armando de nacionalidad cubana copropietarios del restaurante Don Lolo y Andrés Mauricio Gutiérrez, operador turístico admiran una de las muchas especies nativas que prosperan en la finca La Gaviota.
 
Jorge Luis Borges nos cuenta en su poema INSTANTES que si volviera a nacer comería más helados en público, no le daría importancia a las cosas nimias y ..andaría descalzo sobre la hierba como lo hicieron los promotores turísticos en la GAVIOTA.




El bosque de niebla  del chuzo. Además de la reserva ambiental referida, el sector del Chuzo posee, a pesar del evidente deterioro ambiental, fragmentos valiosos de bosque de niebla , hermosa expresión pletórica de imágenes idílicas a punto de desaparecer por sustracción de materia. Esos bosques deben ser protegidos por la ciudadanía de Santa Rosa porque además de constituirse en pulmón del mundo, albergan las especies silvestres nativas. Esos bosques hoy amenazados convencieron a los españoles de haber llegado al paraíso terrenal; esos bosques , como los Dioses, tienen, cuando el hombre lo permite, la facultad de reinventarse a través de un roedor, un insecto, un murciélago, o un ave que como mágicos sembradores alados, van esparciendo semillas o polinizando flores que luego germinan sobre el suelo rico en nutrientes convertido en una feraz matriz por la acción de la biomasa que cae de los árboles y la descomposición de troncos y otros elementos por el proceso bioquímico de hongos y bacterias, microorganismos con el poder de convertir la naturaleza muerta  en VIDA.


El bosque de niebla del Alto del Chuzo abre una ventana que permite apreciar la majestuosidad de la biodiversidad del entorno.

Sitios de poder. Enmnuel Zellagro establece en su artículo " ¿Qué enigma se esconde detrás de los sitios de poder en nuestro planeta?"
que cada día millones de personas en el mundo dirigen su atención hacia ciertas montañas, ríos o cavernas considerados sitios sagrados de la tierra, por estar dotados de una cualidad mágica o un `poder, una fuerza que nos permite sentirnos mucho más vivos o en contacto directo con la verdadera esencia de la vida, son los SITIOS DE PODER como Stonehenge, en Inglaterra, considerado un centro magnético que emite desde su núcleo central vibraciones especiales; la isla de Pascua en donde se focaliza una importante fuerza electromagnética, las Rocosas en Estados unidos y otros sitios como el Alto del Chuzo en Santa Rosa de Cabal. 



Enmanuel Zellagro establece la existencia de ciertas montañas y lugares especiales considerados sagrados por estar
dotados de una cualidad mágica o de un poder o fuerza que nos permite sentirnos mucho más vivos o en contacto directo con la verdadera esencia de la vida , son los llamados Sitios de Poder,(Alto del Chuzo, antiguo camino Santa Rosa Segovia)


Michael Faraday el físico Inglés descubrió desde el siglo XIX la interacción de la energía del universo, comprobando que el núcleo terrestre está compuesto de hierro líquido generando el campo magnético de la tierra cuyas fuerzas se extienden hacia el espacio concentrándose en mayor grado en los polos y en otros lugares como ciertas montañas; estos fuerzas invisibles o mundos ocultos se complementan con los campos eléctricos generados por procesos naturales concentrados en la atmósfera, la tierra y un tercero que traslada carga eléctrica entre la atmósfera y la tierra y originan sobre la naturaleza ciertos fenómenos como el persistente bombardeo de rayos, las "bolas de fuego" que no son más que electricidad estática liberada bajo ciertas condiciones físicas o como la aurora boreal y otras manifestaciones catalogadas como paranormales pero que a la luz de las investigaciones realizadas por Faraday y Maxwell tienen una explicación lógica y con un fundamento científico en las leyes naturales que rigen el electromagnetismo. Se ha dicho que no se mueve la hoja de un árbol sin que se afecte la estrella más cercana, se habla además del llamado efecto mariposa y si estas fuerzas ocultas generan mutaciones en la naturaleza, con mayor razón influyen en el ser humano: a algunos los lleva a estados superiores de conciencia, a otros posiblemente los conduzca a los límites de la locura o simplemente los sensibilice para apreciar en todo su esplendor las maravillas de la creación y de la naturaleza. 

     Michael Faraday se levantó de la pobreza en una de las sociedades más clasistas descubriendo las "fuerzas invisibles que moldean al mundo y a los seres humanos : el electromagnetismo.



Ya con los antecedentes descritos es posible comprender las "fuerzas invisibles" y su influencia en la creación del  pensamiento mítico -mágico que rodea al Chuzo, cuna de avistamientos, reales o presuntos, y de leyendas e historias que cumplieron la función de establecer correctivos sociales, difundieron mensajes de preservación del medio ambiente, reprodujeron los valores existentes de la época y reforzaron la identidad, el sentido de pertenencia y la cohesión social de la sociedad .

 La tierra se comporta como un enorme imán generando un poderoso campo magnético e interactuando con otras manifestaciones energéticas como los sistemas eléctricos de la atmósfera y la tierra. El electromagnetisno se concentra con mayor o menor intensidad en diferentes puntos de la tierra, influyendo en el entorno y en los seres humanos; estos lugares se conocen como Sitios de Poder. 

Rumbo a Marsella: el aroma de la guayaba madura. Después de escapar del embrujo de la Montaña Mágica y tomar un agradable café en la casa de los Alpes, continuamos la marcha hacia el río San Francisco; debo decir que en el trayecto encontramos lugares que llamaban la atención como una gigantesca piedra cóncava en su interior y plagada de historias como es la característica de todo el sector. En las riveras del San Francisco volvimos a evocar " el olor de la guayaba madura" y aceptando la cosecha que la pródiga tierra nos ofrecía paladeamos con fruición el bocato di cardenale ofrecido por la naturaleza, en medio de enjambres de maravillosas y cromadas mariposas que como un himno a la vida levitaban en el idílico paraje como si el espíritu de Mauricio Babilonia y su genio creador García Márquez nos acompañaran. 


 la Miranda predio ubicado en inmediaciones del Alto del Rayo en jurisdicción de Marsella.

El ascenso al Alto del rayo se convierte en un reto para los conductores de los vehículos por el empinado y abrupto terreno; uno de los camperos no estuvo a la altura del exigente recorrido y hubo que dejarlo en una de las casas cercanas. Mientras se tomaba la decisión, vimos como un invidente desafiaba la montaña vacilante, tanteando el terreno con su bastón; su nombre era Heriberto, nos confesó que a veces deseaba la muerte, pero cuando  lo aquejaba algún mal, se arrepentía y disfrutaba los amaneceres a través de los cantos y trinos de los pájaros; "me gusta mucho el dinero y las mujeres", nos dijo," pero como no tengo ni lo uno ni lo otro, me conformo con Dios y María Santísima". Mientras lo entrevistábamos para nuestro programa de televisión noté un profundo y respetuoso silencio entre los presentes; su historia de vida había agitado nuestra alma y estremecido lo más profundo de muestro ser. 

  Centro Educativo El Rayo, sede Miracampo.

El paisaje era embriagador: trescientos sesenta grados de "verde de todos los colores" según la feliz expresión de William Ospina para referirse a Colombia, a pesar de la actitud omisiva  de su dirigencia para preservar la herencia ambiental. Noté con sorpresa que a pesar de estar en las goteras de Marsella, el Alto del Chuzo seguía siendo un referente en todo el sector.

Notamos con sorpresa que a pesar de estar en Marsella, el Alto del Chuzo nos seguía energizando.

Una vez superado El Alto del Rayo, hicimos un breve interregno para apreciar la reserva o parque natural de La Nona, otro santuario natural de nuestra región, verdadera fábrica de agua que como el jardín Botánico debe ser visitado por las nuevas generaciones para conocer en detalle la maravillosa dinámica de nuestros bosques  nativos: conociéndolos los protegeremos, porque nadie preserva lo que no conoce.

Y por fin , enmarcada por los distintos tonos de verde, observamos con emoción la imagen de Marsella.! Nuestra misión estaba cumplida.!

 Por fin, enmarcada por distintos tonos de verde, observamos con emoción la imagen del Municipio Verde de Colombia.

Ya en la ciudad apreciamos la arquitectura raizal matizada con colores que impactan visualmente, grandes aleros que además de preservar la fragilidad del bahareque sirven de refugio a las aves de la región; un élam cultural fluye por doquier desde su imponente Casa de la Cultura complementado por la frenética actividad desplegada por los entusiastas jóvenes de ASOMART, auscultando con sus cámaras y micrófonos la realidad parroquial y reforzando las raíces ancestrales; el espíritu alterado por el esmog y el frenético ritmo de las urbes anárquicas encuentra el sosiego y la apacible calma transitando por las calles de la ciudad o dialogando con sus gentes, calma personificada por el noble  can que alcancé a observar en la tranquila  plaza y es vox populi que siempre acude con devoción, respeto y solemnidad a las honras fúnebres de quienes abandonan este valle de lágrimas. 

  Es Vox populi que el noble can acude con devoción, reverencia y solemnidad a las honras fúnebres de quienes se nos adelantaron en abandonar este valle de lágrimas. 

 Marsella inspirada en el lema de los colonizadores antioqueños "Dios y Patria" honró el legado de sus fundadores conservando la técnica constructiva raizal y su herencia ambiental.

Café Don Danilo, un lugar para tomar una buena taza de café, el amable pretexto para establecer una grata conversación, como en efecto lo hicimos con María Elena y  la amable anfitriona que pasó con cinco aclamado el examen que los visitantes, reconocidos catadores, hicieron de su acogedor establecimiento.  


María Elena de ASOMART, Jaime Fernández el historiador y autor de esta crónica, Juan Carlos Ortega y Andrés Mauricio Gutiérrez promotores turísticos cerrando el reportaje de televisión  en Marsella.


A manera de epílogo, no dudo en afirmar que nuestra excursión fue histórica y abrió una senda para que los fuertes lazos que antes unieron a las dos ciudades cobren vigencia y se institucionalice el recorrido pletórico de historia, paisaje, leyendas y riqueza cultural. 

Prometo hacerles llegar a Maria Elena, a quien le agradecemos su amable recepción y los periodistas de ASOMART el video para que se trasmita por el canal local. !Así hacemos Patria!