lunes, 9 de mayo de 2016

Mi encuentro con el Maestro


Después de una conferencia de Fernando Soto Aparicio en la universidad, fue invitado al club para un agasajo, como se acostumbraba antes con los visitantes importantes. Muy pronto se cansó de las zalemas y lisonjas de la alcurnia parroquial y discretamente, le comunicó a  su “chaperon” el deseo de escuchar la música nostálgica y antañona propia de la zona cafetera. En ese entonces, gozaba yo de una merecida fama de bohemio moderado y el chaperón convertido en estafeta, me confió la delicada misión de rescatar al maestro de su frívolo asedio para degustar en uno de nuestros santuarios los tangos, las milongas y los boleros que reblandecían nuestros sentimientos, al calor de unas gratas “polas”.

Fernándo Soto Aparicio.


 Pronto estuvimos en el bar de “Macano”, pero por ser un recinto pequeño, se encontraba lleno y muy a nuestro pesar decidimos buscar otro sitio; afuera, había una rústica banca hecha de guadua y el eco de la música, no alcanzaba a eclipsar el concierto de grillos y ranas provenientes de las mangas cercanas, pues aún la zona no había sido urbanizada. Fernando, sin pensarlo dos veces y exultante de satisfacción, dijo:” aquí nos quedamos, yo en Bogotá, nunca tendré el placer de vivir un momento bajo estas condiciones.”

 Bajo el refulgente cinturón de Orión y hasta muy entrada la noche sostuvimos una animada charla; no obstante, por momentos lucía, distante, su mirada se perdía en el entorno y cobraba interés cada vez que un borrachito, salía del interior del establecimiento y lo abrazaba, le contaba de su trabajo, del objeto de su orgullo: una  hija que entonces cursaba tercero bachillerato. Dispuestos a terminar con “las impertinencias” del amigable pero incómodo personaje, aprovechamos un furtivo ingreso del novelista al interior del bar para comunicarle al “intruso” que estaba ante uno de los mejores escritores de Colombia y que muy seguramente, su hija había leído como parte de su formación académica su emblemática obra “La rebelión de las ratas”. La información fue efectiva, pues el maestro no volvió a ser “importunado”.

 Pero al poco tiempo empezó  a extrañar la presencia del personaje y cuando le confesamos que nos vimos obligados a revelar su identidad para preservar su comodidad, un gesto de contrariedad se reflejó en su rostro, al tiempo que expresaba: “porqué hicieron eso?, no saben que el contacto con el pueblo raso es la cantera que nutre los protagonistas de mis obras?, él era un conductor de camión, al día siguiente saldría para el putumayo …” por esos días trabajaba en la novela “Palabra de Fuego”, la historia de un sacerdote quien realizaba su labor pastoral en un sector de Colombia donde el poder lo tenía los violentos, como también lo tenían los “tejedores de sudarios” en los Territorios nacionales como el putumayo, la boca del lobo a la que ingresaría el amable camionero, cuando iniciara su azaroso periplo por el sur del país.Pese a todo, en alguna de las obras del maestro quedaría retratado anónimamente, como ejemplo del esfuerzo y la lucha del trabajador colombiano y la fehaciente demostración  que el progreso del país no surge propiamente de sus 
líderes, sino de los pequeños empujones de la gente sencilla.



Nunca más vi a Fernando Soto Aparicio y a pocas horas de su muerte recuerdo la lección de aquella noche en la que a pesar de todo disfrutó y sintió la mágica sensación de  Rafael Pombo cuando exclamó en una de sus obras:


Gran noche… Tanta majestad me aterra,
Tanta sublimidad me causa espanto.
Dios cobija el misterio de la tierra
Con el misterio augusto de su manto.

Descanse en paz, maestro, valoramos su esfuerzo por dignificar a los humildes y hacer de Colombia una patria más justa.

   

domingo, 24 de abril de 2016

Santas, mozas y mujeres públicas.

En breve, el autor del presente blog, lanzará su nueva obra. A continuación presento un adelanto de la misma.

Santas, mozas y mujeres públicas.

El imperio de la autoridad masculina e perpetuó a través de los siglos en todas las clases y en las diferentes sociedades y épocas históricas. El mundo, moldeado por el hombre a través de la fuerza y la violencia de las guerras, dio origen a la antiquísima estructura social, psicológica y política donde el varón ostentaba el poder y usufructuaba los privilegios quedando la mujer relegada a ignominiosos niveles de marginalidad, sumisión y exclusión.
El estereotipo propio del pensamiento dominante, influenciado por los prejuicios ancestrales, se replicó en los conceptos religiosos, filosóficos y legales.



 Pandora en la mitología griega y Eva en el catolicismo, encarnan la perdición del hombre; los grandes pensadores como Aristóteles, considerado por algunos,, el modelo de todos los teólogos y la filosofía escolástica, catalogaba a la mujer “como un hombre inferior” y como las leyes son el resultado de los factores reales de poder, el código de Napoleón, cuyo compendio normativo sirvió de base para que Andrés Bello redactara las normas civiles de los países americanos, ente ellos, el colombiano, equiparó a la mujer casada con una menor de edad; aún después de adulta, no podía actuar legalmente, por sí misma, ni comprar ni vender sus bienes, ni viajar sin permiso de su marido.

Este sino dramático suscitó frases de angustia como la de Alfonsina Storny, quien interpretando el momento histórico que vivían sus compañeras de género exclamó, antes de inmolarse:”! Señor, el hijo mío que no nazca mujer!

Contracarátula de la obra Santas, Mozas y Mujeres Públicas , cuadro pintado especialmente para el libro por la destacada artista colombiana Catalina Hoyos P.


Pero el acero se templa a golpes. Surge el movimiento feminista con ímpetu alimentado por la llama interior de la libertad y la dignidad cuestionado las raíces más profundas de las relaciones entre los hombres y las mujeres apuntando a una nueva manera de entender el mundo. A pesa de los insultos y ofensas de “vírgenes amargadas”, “libertinas”, “hienas con faldas” el movimiento feminista levantó vuelo con la convencido que su opresión no formaba parte de un destino fatal, estremeciendo por su inusitada vehemencia, el modelo de sociedad de entonces, en lucha abierta contra la fuerza pública, fustigando con decisión los estamentos políticos y legislativos o empleando la resistencia civil acogida más tarde por Mahatma Gandhy.

 Al final el sendero abierto por las valientes activistas culminó con la reivindicación de sus derechos civiles hasta tipificar la frase de W.R.Wallas:”la mano que mece la cuna, es la mano que rige el mundo.”



Indira Gandhi: La mano que mece la cuna , es la mano que rige al mundo."




Benazir Bhutto, Primera Ministra de Pakistán.


La historia ha reconocido a Olimpia de Gouges, Emily Davinson, Manuela Beltrán, Policarpa Salavarrieta  y muchas valientes mujeres más Su admirable gesta en defensa de su dignidad y sus derechos; queremos con el trabajo de investigación Santas, mozas y mujeres públicas rescatar del olvido el nombre y la gesta de un grupo de humildes aldeanas que en su condición de esposas, amantes o mesalinas levantaron su voz para no aceptar sumisamente las imposiciones arbitrarias de entonces, en el marco de las transformaciones sociales, políticas y económicas de Cabal, un pueblo caucano, nacido en el seno de la Colonización Antioqueña.
  



El Rey desnudo.




“No tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad”. Aunque las leyes que rigen la naturaleza son infalibles e irreversibles, con frecuencia nuestros sentidos perciben imágenes ajenas a la realidad: a las 6 de la mañana la ardiente mirada del sol aparece en el oriente, a las doce del día está en el zenit y se oculta por el occidente a la hora del ocaso. Si confiamos en nuestros sentimos diríamos, como los inquisidores de antaño, que el sol gira en torno a la tierra y con mayor razón si los libros sagrados así lo estipulaban. Afortunadamente Galileo, con su capacidad de auscultar los mundos ocultos, iluminó a la humanidad con la luz de la razón y desafiando los sofismas del pensamiento dominante demostró que la tierra gravitaba en torno al sol, no sin antes sufrir los vejámenes reservados para quienes con los rudimentos de la ciencia osaban desafiar los mitos que sustentaban el poder espureo.

 Pero si esto ocurre en el plano de las leyes físicas, de fatal cumplimiento, qué no ocurrirá en el cambiante mundo social, donde los intereses económicos y políticos moldean ilusorios paraísos donde la población se ufana de ser la más feliz del mundo o proclama, no sin cierto condimento masoquista “que maluco también es bueno.” La fábula “el traje nuevo del emperador” escrita en 1837 por el escritor Hans Cristian Andersen, hace alusión a los sutiles mecanismos para disfrazar la realidad a pesar de las evidencias que indican lo contrario. El magistral cuento para niños nos habla de las artimañas urdidas por dos hábiles estafadores, profundos conocedores de la naturaleza humana, al prometer al rey la confección de un rutilante, suave y delicado traje de oro que lo convertiría ante los ojos de sus súbditos en el rey sol.




 Aunque los ladinos personajes advirtieron que el traje sólo podía ser visto `por las personas limpias de corazón, el monarca aceptó la oferta y empezó a suministrar grandes cantidades de oro para diseñar la referida prenda. Mientras la corte observaba expectante el desarrollo de los acontecimientos, el rey envió a sus ministros a indagar por los avances de la obra. Por supuesto los emisarios no vieron nada, ni siquiera el oro, pues los taimados timadores se  habían apropiado del áureo metal; sin embargo, para guardar las apariencias y sin aceptar que no eran limpios de corazón regresaron ante el gobernante con postizo entusiasmo a ponderar la belleza del traje.


 El día para lucir ante el pueblo el vistoso atuendo llegó; dejaron en cueros al soberano, lo vistieron con el presunto traje de oro en una teatral pantomima celebrada con asombro por sus obsecuentes cortesanos y aunque veía con azoro su biringa y ridícula figura siguió la corriente y se presentó ante su súbditos; tampoco deseaba dejar en evidencia sus falencias éticas y morales y el pueblo, inmerso en la misma razón de hecho, admiró extasiado la majestad de su rey. Pero mientras el gobernante se paseaba entre la encandilada multitud con sus fofas carnes y sus piltrafas viriles expuestas irreverentemente al escarnio público, un niño, ese sí limpio de corazón, gritó a voz en cuello: ¡el rey está empelota¡ y como si se hubiese desvanecido un oscuro conjuro, el monarca avergonzado se refugió precipitadamente en su palacio y todos recuperaron el sentido de la realidad.

 La farsa  terminó gracias a la verdad vista a través de los ojos de un tierno e ingenuo ser que desarticuló el estado de ilusión colectiva fraguado por la mentira y el engaño.

La fábula constituye la verdadera alegoría del poder en todas las instancias: la actitud cortesana del coro de áulicos proclamando las virtudes del gobernante, el derroche del erario público para comprar conciencias y las cortinas de humo lanzadas preñadas de falsas expectativas, magnificadas por el bien aceitado aparato propagandístico de los medios de comunicación, generosamente recompensados por difundir la verdad oficial. Todo este artificial decorado  deforma  la realidad y  encumbra falazmente al gobernante que orondo y levitando entre las zalemas, loas y alabanzas “se pasea  desnudo con su corona de hielo bajo el sol”, ajeno al drama de sus conciudadanos.

 Al final,  cuando la burbuja estalla porque aparece el poder de la inocencia en la voz de un infante o esa armazón  de viento se va a pique por el peso de sus mentiras y contradicciones, al pueblo sólo le queda la desesperanza aprendida. 

y en medio de esta brumosa mezcla de realidad y fantasía en que vivimos sólo nos resta exclamar como el poeta:

En mi zozobra descifrar no acierto
si un muerto soy que sueña que está vivo
o un vivo que sueña que está muerto.
      


lunes, 18 de abril de 2016

Cuando sólo robaban los ladrones.


Hace ya algún tiempo mientras recorría las calles de Pereira, observé a un  niño portando una tosca vara de la cual pendían a manera de llaveros, las figuras de Pokemon, serie televisiva con una gran audiencia entre la población infantil de entonces. Aproveché la oportunidad para adquirir uno de los muñequitos con el fin de obsequiárselo a un sobrino, gran admirador de los referidos dibujos animados, pero al momento de cancelar la compra con un billete de veinte mil pesos, el precoz comerciante me dijo desconsolado: “ay.. no tengo devuelta, hoy no he bajado bandera”. En el lenguaje del comercio informal, significaba que no había vendido absolutamente nada. Sin embargo, cuando me disponía a marcharme, el recursivo niño, con una seguridad digna de brindarle confianza, literalmente solicitó el billete para cambiarlo y a manera de garantía me dejaba la vara con su mercancía; como soy de reflejos lentos, me vi de pronto en plena séptima con dieciocho con la vara y los monigotes, mientras mi único capital se hacía humo.

 
Foto Internet.


Después de diez minutos de espera, comienzo a recuperar el sentido común y mis atrofiadas neuronas empiezan a debelar la trama urdida por un pequeño embaucador: diez figuras a dos mil pesos cada una, sumaban veinte mil pesos, las mismas veinte mil barras que habían emprendido el vuelo. Sin embargo, después de veinticinco minutos y contra todas las evidencias continuaba sembrado en la misma esquina, mientras un profuso sudor corría por mi rostro; bueno, en realidad dada las circunstancias, no era sudor, en mi fuero interno sabía que era el  agua bautismal señal de ingenuidad y torpeza; no en vano Jesucristo habló en las bienaventuranzas de los mansos, ¡ no de los mensos!. Para colmo de males, buena parte de Santa Rosa había decidido transitar por la concurrida esquina y sus miradas de sorpresa me indujeron a buscar en vano instintivamente una pared para camuflar la situación.


Cuando resignado, empezaba a guardar  en mis bolsillos a pokemon y su corte de personajes, veo con sorpresa como aparece el niño; extenuado, sudoroso y jadeante y casi balbuciendo me dijo, “yo pensé que no lo iba  encontrar, tuve que bajar hasta El Lago, porque nadie me cambiaba el billete”. Yo más tranquilo por haber recobrado la dignidad, le pregunté por qué no se había quedado con el dinero,  casi con indignación me contestó: “no, señor; eso no se puede hacer, porque uno se sala y no vuelve  a bajar bandera nunca más.”


Fue una hermosa lección de ética por parte de un humilde infante sumido injustamente en la dura economía del rebusque, que me devolvió en su momento, la confianza en la humanidad.




miércoles, 30 de marzo de 2016

Discusiones bizantinas.

Discusiones bizantinas.

“Santanderismo” es la expresión acuñada en Colombia para definir interpretación dogmática de la ley en detrimento de la realidad y el bien jurídico protegido por la norma. No es por eso extraño que muchos litigantes animan a sus defendidos a despojarse de todo pudor con la frase  “dígame las cosas claritas que yo me encargo de enredarlas”. Pero la mentalidad rabulesca propia del mundo del derecho ha invadido todas las esferas de nuestro devenir social y político que se ve atrapado e inmovilizado en “sonados” debates anodinos e intrascendentes, como cuando en Constantinopla discutían con pasión el sexo de los ángeles, mientras los ejércitos invasores escalaban las murallas para anegar en sangre el imperio otomano de occidente.


Quiero referirles una significativa experiencia para refrendar lo expresado:
Asistía a un seminario sobre Cultura y como paso previo a abordar el tema en profundidad se dejó  en consideración del auditorio la definición “clara, concreta y precisa” de la expresión Cultura. Casi todos los participantes al evento hicieron sus aportes a la construcción colectiva del tema suscitando álgidos y candentes polémicas y aunque la discusión agotó el  primer día del certamen, no hubo ningún consenso para enmarcar en una palabra el objeto del seminario y digo casi todos, porque en un rincón del auditorio envuelto en un discreto silencio, permanecía un indígena ataviado con su ancestral indumentaria. Su muda presencia se interpretó como timidez, falta de asertividad o temor para expresar su opinión ante la avalancha de discursos veintejulieros solemnes y engolados de los asistentes. Se dejó como tarea para el día siguiente consultar con la almohada para poder resolver el  interrogante. 

Foto, Internet.


El segundo día tampoco hubo suficiente ilustración y otra vez se caldearon los ánimos pues según algunos las definiciones “eran cojas o no encarnaban con fidelidad la elusiva expresión. De pronto, el representante de la comunidad indígena se incorporó y ante un súbito y expectante silencio expresó: “ El seminario dura tres días, llevamos un día de discusiones vacías e inútiles. Yo quiero decirles que en nuestra lengua no existe la palabra cultura, pues la cultura está inmersa en toda nuestra cotidianidad: el río, la palma, el morichal, el bohío, la maloca, el jaguar, la cascada, la forma de tejer o de pintar, la danza, la risa y el llanto, los alabaos, la selva, los monos, la mariposa  las aves, el sol  la luna y todos los atributos de la madre tierra…”



Mono aullador de Santa Rosa. (fFoto Carlos Enrique Ruiz, publicista, artista y naturalista)



Mono aullador de la reserva Barbas Bremem , atropellado en la vía Pereira Armenia, cuando abandonó su hábitat.Foto periódico Qhubo.

Sin ningún preámbulo el evento pudo por fin empezar no sin cierto azoramiento por parte de los demás participantes. La visión del indígena de la cultura explica el porqué aún a costa de su vida, lucha por su entorno, valores y protección de su hábitat y nuestra indiferencia ante la destrucción del bosque nativo, la flora y la fauna como los monos aulladores, el armadillo, la chucha, el perro de monte, el coatí acorralados por torres de energía, tala de árboles y minería.              

lunes, 7 de marzo de 2016

La inolvidable gesta de Enrique Jaramillo Rincón.





Su momento más glorioso, cuando se coronó campeón nacional en el velódromo de Cali, representando los colores de nuestro departamento.

Salvo las sufridas participaciones de Uriel Santa y Jaime Ospina, luchando con más coraje que éxito  contra los grandes del ciclismo en la vuelta a Colombia, Santa Rosa Rosa no había tenido un deportista que ocupara las primeras planas de los grandes periódicos del país y en general de todos los medios de comunicación de Colombia como Enrique Jaramillo Rincón. Todos coincidían en que el joven de 19 años, sería el sucesor del héroe nacional Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y aseguraron que el record en los cuatro mil metros persecución individual en poder del ídolo nacional pronto sería pulverizado por la nueva promesa del ciclismo que deslumbró con su triunfo en los tres mil metros persecución individual en el velódromo de Cali en 1972. Según uno de los medios de la época, “Jaramillo, saltó como liebre y derrotó a Rafael Narváez ante la mirada expectante del público y los dirigentes que no conocían las capacidades de este ciclista para desempeñarse en la fabulosa pista de madera, en el óvalo del velódromo local, considerado como uno de los más veloces del mundo.” Su gesta y su perfil atlético “de buena estatura, un envidiable estado físico, unas piernas de hierro y su impresionante estampa de campeón” le significaron la inclusión en la selección de ciclismo en pista que competiría en los juegos olímpicos de Munich, Alemania. Su entrenador Claudio Costa afirmó: “Jaramillo puede ser campeón del mundo , dejó sin opción a los grandes pisteros colombianos” y la revista en su género  más leída en el país, “Vea Deportes”, iniciaba un extenso reportaje pródiga en imágenes con las siguientes palabras:” Ha surgido un nuevo prospecto del ciclismo colombiano, integrante de la selección olímpica de pista que competirá en Munich, este muchacho de 19 años de edad, tiene un estilo elegante, técnico y muy cotizado para llegar a suceder al bicampeón mundial Martín Emilio “Cochise” Rodríguez.”


Enrique Jaramillo R.


Enrique, con Rubén Darío Gómez, gloria del ciclismo nacional y el entrenador nacional de ciclismo, Hernán Mesa.




"Será Enrique Jaramillo, el sucesor de Cochise?. Así titulaba la revista Vea Deportes, la más importante en su género en el país, un reportaje con  el entonces campeón.


Su gesta lo convirtió en figura nacional.





Un pequeño admirador, luciendo orgulloso la medalla del campeón ¿Quién será?, se convertiría después en u no de los escarabajos que deslumbraron a Europa?




 
Su buena estatura, un envidiable estado físico, unas piernas de hierro y su impresionante estampa de campeón, le valieron  el reconocimiento de la élite del ciclismo nacional.


Enrique, compañero de infancia, juegos, “gorros” y aventuras de quienes vivimos en el sector de “La Cueva”, fue hijo de don Eduardo Jaramillo y doña Concha Rincón; como todos los niños de la época, el primer contacto con el caballito de acero lo tuvo en la agencia de alquiler de bicicletas del “General”, un personaje de grandes mostachos, bonachón y comprensivo cuando los niños se entusiasmaban más de la cuenta montando en la “marranita” o “la gacela” y rebasaban el tiempo estipulado de media hora o una hora de alquiler. Luego, cuando su padre próspero comerciante le obsequió su primera bicicleta, empezó a demostrar  a nivel departamental todos los méritos que reconocerían después los protagonistas del deporte de las bielas. Compitió en la Vuelta de la Juventud, representando a Risaralda y su biotipo lo llevó a obtener grandes triunfos en las pistas del país, siendo el más importante  a nivel nacional en los tres mil metros persecución individual en 1972, en Cali que llenó de orgullo a los santarrosanos, porque por primera vez una figura local tenía reconocimiento nacional.



Su estrella brilló muy alto, pero su estela aunque fugaz, dejó impresa una profunda huella en nuestro pueblo y en todos los que compartimos con él los sueños de la infancia.


Época de estudiante en la Escuela Pedro José Rivera Mejía.


En el podium en una de sus competencias.




Fue nuestro sentido homenaje a un campeón.



 [JF1]Ea 

miércoles, 24 de febrero de 2016

La Ciudad de los Cien Caballeros.

Alguna vez le preguntaron a un astronauta sobre las impresiones de su primer viaje espacial. Su respuesta expresó la visión de alguien a quien el destino y su valor le concedieron el privilegio de ver el mundo con la perspectiva  de un águila caudal: al principio- dijo - cuando la nave despegaba todos nos dirigimos emocionados a contemplar a nuestro país a través de la ventanilla, pero a medida que íbamos ascendiendo, ya el suelo patrio había desaparecido y sólo veíamos la tierra; las fronteras arcifinias o convencionales se habían borrado y los estados hacían parte de un todo, ligados y fusionados por una pincelada azul de agua que abrazaba a los continentes.

Cuando empezamos a estudiar la historia local pasa lo mismo: inicialmente, nuestra mente está encasillad y restringida a escrutar los hechos y acciones que fueron consolidando nuestra identidad a través de ese  pasado común de sueños, gestas y vivencias, cuando ampliamos nuestro horizonte descubrimos fuertes conexiones históricas en el pasado con otras comunidades que moldaron el alma de nuestra colectividad y cuyas raíces, aunque ocultas por el olvido, aún subyacen en la memoria colectiva sin que las  fronteras de hoy, consolidadas por la tendencia actual al aislamiento, las hayan borrado por completo.


La Vírgen del Camino. Vía al Madroño. Desde la fundación de Santa Rosa, en los pasos críticos y más abruptos, arrieros y transeúntes, dejaban en imágenes como ésta monedas para que las personas portadoras de espermas, tomaban las monedas y dejaban su equivalente en velas; las encendían y rezaban una oración, por la seguridad en el viaje de quien había hecho la ofrenda. Era una de las muchas manifestaciones de los lazos de solidaridad y de confianza heredadas del espíritu de la Colonización.


Cuando la Sociedad de Mejoras Públicas de Santa Rosa fue cordialmente invitada por la S.M.P. de Abejorral, tuvimos la oportunidad de corroborar los fuertes lazos afectivos e históricos de los dos pueblos. Santa Rosa tuvo su origen en la Colonización Antioqueña y como tal heredó las características esenciales de su cultura:  los primeros pobladores del entonces norte de la provincia de del Cauca recibieron  hasta sesenta fanegadas de tierra en la zona rural y un lote en lo que sería la cabecera de la  aldea. A través del trabajo personal subsidiario, la comunidad fue construyendo colectiva y gratuitamente el patrimonio público como la casa consistorial o alcaldía, la escuela, los caminos y los puentes y a través de peajes cancelados por los transeúntes al pasar el puente sobre el rio Otun, generaba las primeras rentas para atender el sueldo del preceptor de la escuela. En los albores de la fundación el alcalde no ganaba sueldo, y el esfuerzo cooperativo y solidario en la consolidación de la naciente comunidad generaba fuertes relaciones de confianza como la FIANZA PARA GUARDAR LA PAZ,: medio pueblo servía de fiador al resto de la población. Cuando dos vecinos "se mostraban los dientes" y estaban a punto de enfrentarse, el alcalde los citaba a la casa consistorial, cada uno de los envalentonados parroquianos debía acudir acompañado de un fiador; ambos fiadores adquirían el compromiso de evitar la a agresión  hacia alguno de los rivales, so pena de pagar una multa o trabajar a manera de sanción en las obras públicas. Además, la policía la formaban los  mismos ciudadanos, quienes se alternaban determinados días de la semana para cumplir con las labores de control público. El trabajo personal propiciaba también otros valores como el sentido de pertenencia y la solidaridad.

Las dos ciudades, como exponentes de la cultura antioqueña, se fundaron sobre relieves inclinados "con la implantación de retículas de damero, las calles se cruzan formando manzanas de cuatro lados con viviendas representativas de la arquitectura regional de bahareque y la plaza se constituye como centro geométrico y espacio articulador de toda la vida ciudadana", coincidiendo con las características señalados por los estudiosos de la cultura cafetera.

Muchos personas de Abejorral habitaron en Santa Rosa, entre ellos Félix Isaza, con sobrados méritos para ser uno de los Cien Caballeros, quien en su condición de Juez del Circuito  residía con su familia en Santa Rosa. En 1916, su hija Blanca Isaza, ya vislumbraba su excepcional  talento que la convertiría más tarde en una de las poetisas más importantes de Colombia; el río San Eugenio inspiró sus primeros versos y gracias a nuestro profesor e historiador don Enrique Valencia, podemos conocer el poema, punto de partida de la brillante gesta en el mundo de la letras de la  admirable niña.

EL RIO


Yo quiero mucho el río que cruza por la aldea
que canta  a todas horas, que ríe sin cesar
el río que se enciende bajo la luz febea 
y que se torna plata bajo la luz lunar

El río es un poeta sincero y atrevido,
sus cantos son sinceros, son cantos de cristal,
el río es un enfermo de agravios y de olvidos
que cuenta sus amores al cielo tropical.

Sobre el crujiente raso de su corriente pura
se copian los matices galanos del frondaje,
el besa siempre loco de amor y de ternura
las flores que le prestan el lujo de su encaje.

Río San Eugenio. (Foto Carlos Hoyos, Gráficas Real)



El vela cuando duermen las gentes lugareñas
y duerme perezoso las tardes del verano:
falsea con sus besos las atrevidas peñas
y piérdese a lo lejos entre el verdor del llano.

El hace de locuras y de placer derroche 
cuando en sus linfas juegan las campesinas bellas,
se siente más ufano que en la serena noche
cuando es jardín de nácar con floración de estrellas.

En el invierno triste, con furia de salvaje 
desciende borrascoso del alta cordillera 
salpica con espumas la calma del boscaje 
y ruge desbordado salvando la ribera.

Yo quiero mucho el río que cruza por la aldea,
que canta a todas horas, que ríe sin cesar ,
el río que se encendía bajo la luz febea
y que se torna plata bajo la luz solar.  

 Pero la permanencia de la  ilustre familia en la ciudad iba a ser ensombrecida por un incidente aparentemente trivial, pero que desató una reacción muy superior al estímulo:
 Pedro Eduardo Botero era un arriero temperamental, explosivo y rebelde. La rudeza propia de quien unía lejanías desafiando monolíticas montañas y profundos tragadales, no era obstáculo para que aflorara en él el interés por las letras y la literatura: hacía versos y dirigía un periódico denominado "El Cóndor", donde, no siempre respetando los cánones estéticos propios de la literatura, exteriorizaba su espíritu contestatario fustigando a los alcaldes y el notablato parroquial,  convirtiendo el medio de comunicación un instrumento para exacerbar la conciencia de clase. Pero "El Cóndor", gracias al obstinado carácter de Botero, volaba muy alto y llegaba muy lejos, pues antes de emprender con su recua una de las largas correrías de entonces, empacaba en el "hatillo", la mula donde se cargaba la mercancía más delicada, numerosos ejemplares del periódico para distribuirlos en las poblaciones por donde transitaba. Simultáneamente, adquiría los impresos de otras localidades,  hilvanando a través del referido intercambio, un interesante fluir de ideas y pensamientos. 


Blanca Isaza, era aún una niña y sin madurez suficiente para comprender las pasiones que irían a desatar unos versos cargados de ironía contra las veleidades poéticas de Pedro Eduardo Botero ; nuestro profesor e historiador Don Enrique Valencia , en su obra "Historia de Santa Rosa de Cabal" transcribió así las rimas causantes de la discordia:

Los bueyes, esos mansos animales  
te animaron a hacerte periodista,
inspiraron tis versos inmortales 
inscribieron tu nombre entre su lista.

Pobre Mutis. Un cóndor atrevido
audaz se eleva al sideral vacío ,
ya murió tu epopeya, ya vencido 
se aleja el colosal Rubén Darío.

Se agitan en su tumba silenciosa 
llenas de asombro, Píndaro y Homero 
porque llega su forma hasta su fosa
del inmortal, incomparable arriero .

Y...!ahí fué Troya.!

La furia del ofendido jayán se hizo sentir con la fuerza del parto de los montes; un arsenal de agravios e insultos a través del Cóndor estremecieron al juez, su familia y la sociedad de Santa Rosa; ni los procesos administrativos o judiciales pudieron detener las acres imprecaciones. La ciudad se convirtió en un tinglado cargado de tensión donde los ataques del Cóndor eran contestados en El Chapola", periódico editado por la élite para defender el honor de la familia Isaza. Un año antes de estallar la revolución rusa, en Santa Rosa se desataba un conflicto de clase, que culminó con Pedro Eduardo en la cárcel y precipitó además, la salida del doctor Félix Isaza y su familia para Manizales. "Lágrimas de sangre- decía en una de sus declaraciones, el ilustre juez- me ha costado este  incidente".


Ser o  no ser: he ahí el dilema.



Ser o no ser he ahí el dilema. Los pueblos que luchan por conservar su identidad y sus raíces culturales, deben tener un cuenta, una frase, casi un axioma: NADIE PROTEGE Y CONSERVA LO QUE NO CONOCE. La experiencia nos enseña que aquellas comunidades  indiferentes a la destrucción de su patrimonio arquitectónico, su biodiversidad  y su patrimonio intangible empezaron por desconocer y mirar con desprecio lo propio: las casas típicas se asociaron con pobreza, los mitos y leyendas se relegaron a la trastienda o "al cuarto de reblujos" catalogándolas como historias ingenuas y ridículas de campesinos sin formación . El camino a la modernidad debía construirse sobre las ruinas de los pilares que sustentaban los valores y expresiones de los antepasados.

Pero hoy, hay un cambio de paradigma. La ONU a través de la Unesco, reconociendo la excepcionalidad de la Civilización Cafetera, forjada en esencia por la Colonización Antioqueña, la declaró como Patrimonio de la Humanidad, con el objetivo fundamental de proteger y evitar la extinción de los atributos del Paisaje Cafetero y aunque aún no ha habido un proyecto serio para preservarlos, es un valioso punto de partida para que todos los pueblos unidos por la diáspora antioqueña, creadora de civilización, progreso y dinamismo económico comiencen a visibilizar y valorar sus expresiones culturales.

Templo de Pantanillo en Abejorral: fantasía en piedra.



Vivienda de Pantanillo en Abejorral: una herencia española reinterpretada con los materiales de la región.



Pantanillo: aún hay vestigios representativos de las técnicas constructivas de la Colonización Antioqueña.



Estará a tiempo el corregimiento de ser parte de la memoria histórica de los antioqueños y la cultura Paisa?



Omar del Río, Esperanza Patiño, Norberto Gómez, Presidente SMP de Santa Rosa, su esposa Beatriz Osorio, Lucero Bustamante y el doctor Héctor Fabio Valencia , posan teniendo como fondo uno de los balcones floridos de Pantanillo.


Autenticidad y belleza paisajística. Las nuevas realidades nos enseñan que cierto sector del turismo, nacional e internacional busca autenticidad y belleza natural; por eso, además del encanto de las ciudades lentas para quienes se mueven en el fragor, la insolidaridad y el nocivo smog de las grandes urbes, admiran su arquitectura regional de bahareque, en el caso de Abejorral, caracterizada por vivendas que aunque recibieron una herencia española, se reinventaron con los materiales del entorno como el barro, la paja, el cagajón y las maderas creando una técnica constructiva digna de admirar con aleros, para proteger el bahareque, grandes corredores con chambranas y adornados con una explosión de flores de múltiples colores, formas y aromas sembradas en una variopinta de macetas, de tarros de galletas, o recipientes de alambre o mimbre y hasta las viejas y desconchadas micas, una vez cumplían su misión, eran destinadas para albergar las margaritas, claveles y otras especies ornamentales; no en vano, se ha dicho que "somos más antioqueños, que un geranio en una bacinilla".

Casa de Abejorral. Técnica constructiva digna de admirar: aleros para proteger el bahareque sensible a la humedad, grandes corredores con chambranas , adornados con una explosión de flores con alucinantes colores, sembradas en macetas, tarros de galletas, recipientes en alambre y hasta en desconchadas micas, destinadas después de cumplir su misión, a albergar las margaritas, claveles y otras especies ornamentales. No en vano se ha dicho que "somos más antioqueños que un geranio en una bacinilla".


Aparte de la herencia española las viviendas tienen elementos de la arquitectura Romana o Griega, como las columnas e influencia Árabe en los calados y biombos debido a la invasión mora a la península ibérica. España fue invadida por los Romanos quienes a su vez habían adoptado elementos de la cultura Griega, país que habían conquistado.


Las casas eran grandes, con muchas habitaciones interiores conectadas en su mayoría por medio de puertas que les permitían a los padres acceder a los aposentos de sus numerosa prole.

Abejorral: retazos de tradición.

La Plaza de Abejorral se constituye como centro geométrico y espacio articulador de toda la vida ciudadana.



Elemento fundamental de la autenticidad lo constituye el patrimonio intangible constituido por las leyendas y los mitos, es decir el Pensamiento Mágico; todas las culturas del mundo valoran su pensamiento mágico y en muchos casos son componentes de sus nacionalidades: qué es, si no , el Señor de los Anillos, Harry Potter, las hadas gnomos y otros endriagos que tienen una gran importancia en países caracterizados por su alto contenido nacional. Nuestras historias no son inferiores a las citadas, sólo que nuestra pobre sentido de autoestima , ha apostatado de ellas; pero si hurgamos en su esencia descubriremos verdaderos  testimonios, como una fotografía, de la cosmogonía, valores, conjunto de creencias y hasta la malicia de nuestros pueblos en sus orígenes. Su valor sociológico es invaluable, como lo demostré en mi libro "historias y leyendas de Santa Rosa de Cabal .

Los símbolos de la comunidad por humilde que sean, constituyen un valor fundamental como aglutinantes sociales, no necesariamente deben ser monumentales como al Arco del Triunfo, La Torre Eiffel, ni el puente de Brooklin; sólo deben tener significado emocional para la población y además de proporcionar identidad, eventualmente jalonarían el turismo: En Bélgica, el Manneken Pis, es un ícono nacional promocionado como si midiera veinte metros, estuviera erigido en la plaza principal de Bruselas y  simbolizara la conmemoración de  un hecho trascendental en la historia del referido país; pero la realidad es muy diferente: mide un poco más de un metro, está en una calle estrecha y marginal y no representaba alguna gesta épica de Bélgica: solamente el hijo del Rey se perdió un día y lo encontraron allí orinando y en le lugar donde el delfín irrigó su jugo de riñón, levantaron la pequeña estatua del niño "haciendo pis"

Portada y veraneras

Dentro de los grandes errores de los pueblos está la de destruir o cambiar sus símbolos, dizque por ser "obsoletos o anacrónicos", "porque son feos" o debemos ingresar a la modernidad. Europa piensa de otra manera: en la segunda guerra mundial, cuando Hitler arrasaba sin piedad países enteros, basaba su terrorífica estrategia de menosprecio total por la vida humana, en destruir los símbolos de los pueblos, borrando con saña los monumentos con significado emocional para la comunidad invadida disminuiría su capacidad de lucha, de resiliencia y serían presa fácil del tirano. Pero en medio del dolor causado por el bárbaro teutón, los pueblos guardaban, antes de la invasión, los planos de los monumentos, plazas,, los diseños de sus estatuas y obeliscos y en general todo lo que en su momento identificaba a la población y mantenía en sintonía espiritual a las nuevas generaciones con aquellos que los antecedieron. Una vez el sátrapa era expulsado, afortunadamente las bayonetas no se hicieron para sentarse en ellas, volvían a reconstruir sus símbolos y monumentos, con las mismas características que tenían inicialmente: si eran "feos", los dejaban "feos" y aún si tenían errores arquitectónicos los volvían a erigir con las imperfecciones originales.



Los Chorritos. Balneario natural de Abejorral.


Grato almuerzo campestre ofrecido a los visitantes por  por parte de la SMP de Abejorral en los Chorritos.


La belleza paisajística es otra de los atributos valiosos de nuestra cultura: La biodiversidad atrae al visitante extranjero. Cuando los españoles llegaron a nuestras tierras creyeron encontrar el paraíso terrenal: "pájaros del tamaño de un dedo meñique"(colibrí), "bambús, del tamaño de la pata de un elefante" (la guadua), aves de múltiples colores, cuyos trinos desbordaban los estrechos límites del pentagrama, imágenes surrealistas de árboles que caminaban (árboles con raíces aéreas que van dando la sensación de avanzar sobre el suelo), arañas que se blindaban en el interior de una burbuja y se sumergían en el fondo de un calmado estanque, "brujas de los montes", que para reinventarse, expelían nauseabundos y putrefactos olores atrayendo multitud de insectos atrapándolos en su interior desplegando una sutil trampa imposible de vencer. Las etéreas y aladas criaturas en su afán por escapar quedaban impregnados del polen emanado de la planta, pero al amanecer, abría de nuevo su cáliz liberando a los exhaustos insectos que ya en libertad iban polinizando el bosque como sembradores alados con el germen de la bruja de los montes. Nuestro surrealista bosque nativo en extinción , también alberga marsupiales como la chucha, término por lo demás despectivo y catalogada como perjudicial, pero para los Aztecas era un animal sagrado, pues observaban que cuando era asediada y acorralada por el hombre y los depredadores, caía como fulminada por un rayo y en el acto empezaba a exhalar un hedor de cadáver descompuesto, imposible de tolerar, espantando a sus perseguidores, quienes desistían, por sustracción de materia, de la cacería; pero una vez sola, revivía y se marchaba a ocupar el lugar bajo el sol que el hombre le negaba.El bosque nativo liberaba su biomasa (follaje y troncos) convirtiendo el suelo en una fértil matriz que fecundaba las semillas dispersadas por monos aulladores o perezosos, insectos , mariposas y hasta el mismo viento,, propiciando el fluir cíclico natural, del eterno retorno, mientras el equipo de demolición de la naturaleza encarnado por bacterias , microorganismos y hormigas atomizaban los añejos troncos vencidos por el tiempo enriqueciendo adicionalmente el feraz útero de la Pacha Mama.

Una vez llegó la rubiácea como un maná vegetal a nuestra región, los cafetales convivían con los remanentes del bosque nativo a manera de sombrío y aunque en menor escala seguía ocurriendo la misma dinámica de los bosques nativos: el sombrío a la vez  servía de nicho ecológico para la flora y la fauna y además fungía como control biológico para librar al café de las múltiples plagas que lo azotaban, generando un producto orgánico libre de tóxicos y pesticidas; pero la pobre soberanía que el país he tenido a través de la historia, nos ha convertido en juguete de las potencias extranjeras y en la década del setenta, se tumba el sombrío del café  y desaparecen historias, mitos, el pensamiento mágico, la cultura de siembra de acuerdo con los ritmos de la luna y se destruye el hábitat mágico de alucinantes mariposas, insectos, marsupiales, roedores, primates, árboles frutales, maderables y cientos de especies como guamos y la cañofístula,( tenía para los piratas del caribe el mismo valor de sus tesoros porque combatía las enfermedades tropicales) , para dar paso a la comercialización de los venenos y fungicidas del extranjero y establecer una dependencia tecnológica y económica de las potencias. Hoy hay sectores que intentan restablecer la biodiversidad en ,los cafetales por que los exigentes consumidores de la bebida, exigen tomar CAFÉ CON SONIDO DE TRINOS DE PÁJAROS.

El bosque nativo que hay que proteger.


Hoy la globalización y los privilegios otorgados al capital golondrina o foráneo, amenaza con extinguir los vestigios de la historia como caminos y viviendas autóctonas y los últimos relictos boscosos, fábricas de agua y  hábitat de una flora y fauna alucinante y surrealista, cambiando el entorno por bosques plantados, "bosques silenciosos", "desiertos verdes", sin flores , ni vida, tal vez, si no se adquiere conciencia del problema y el `poder local no protege su patrimonio de decisiones emanadas del sector central por funcionarios ajenos a la región y sin arraigo alguno , no pasará mucho tiempo sin que los íconos naturales se transformen: el koala, reemplace al mono aullador como símbolo o la antena parabólica o paradiabólica releve a la palma de cera, como árbol nacional.

Antiguo cementerio de Abejorral: "Estamos atados a esta tierra, por el mecer de las cunas y la inmovilidad de los sepulcros"


Quise dejar expuesto algunos de los razonamientos que efectuamos en La Ciudad de los Cien Caballeros", Abejorral, en la grata reunión que tuvimos en la Fundación Arcos con la amable asistencia del señor alcalde de la ciudad, los honorables concejales , los integrantes de la Sociedad de Mejoras Públicas y la participación de la ciudadanía quienes con espíritu cívico acudieron para debatir la manera como el patrimonio cultural, arquitectónico y natural se logra preservar y en un futuro  no muy lejano la ciudad esté inmersa en el circuito turístico de ciudades que le brindan a propios y extraños, la calma de una ciudad apacible, la autenticidad y la belleza paisajística.

Es esta la oportunidad para decir que Abejorral tiene todos los atributos para ocupar un sitial privilegiado entre las ciudades representativas del paisaje cultural cafetero, reconocido por la ONU como Patrimonio de la Humanidad y agradecer a todas las personas que hicieron grata nuestra estadía en la Ciudad de los Cien Caballeros, ciudad que no conocíamos , pero cuyos fuertes lazos ancestrales nos hicieron sentir orgullosos de pertenecer a la gesta de la Colonización Antioqueña. Gracias a los amigos sinceros que nos extendieron su mano franca.