viernes, 15 de diciembre de 2017

La salud en Colombia: entre lo surrealista y lo macabro





La salud en nuestro país ha oscilado en el rango marcado por lo surrealista y lo macabro. Ya desde los albores de nuestra fundación se creó una junta de salubridad con la doble función de prevenir y combatir enfermedades y ejercer las funciones administrativas de clasificar a los ciudadanos según su capacidad económica, para cumplir con las obligaciones de trabajar en las obras públicas. La lucha de los primeros pobladores contra la viruela, disentería, sarampión, enfermedades respiratorias y otros tipos de patologías fue titánica y llegó a niveles inimaginables en la época actual:




Vacuna contra la viruela aplicada en en el siglo XIX. (Tomado de Internet)


Para combatir la viruela, que dejaba al sobreviviente ciego o desfigurado, era necesario escoger al niño más robusto y sano de la aldea, quien tenía el dudoso honor de ser convertido en conejillo de indias, inoculándole el virus o “pus” de la viruela debidamente atenuado y obtenido de las costras de las reses infectadas con el referido germen. El organismo del rubicundo infante generaba los anticuerpos con los cuales se vacunaban “brazo a brazo” los demás niños y a la población en general. Si la situación se complicaba, era necesario habilitar el matadero municipal como hospital,  con el fin de aprovechar sus precarias instalaciones, ubicadas en las afueras de la aldea para tratar allí a las víctimas del tenebroso flagelo. Cuando esto ocurría, se les permitía a los “matanceros” sacrificar en el campo a las reses para mantener el abastecimiento de carne.



Amputación. (Tomado de internet)


 No había médicos; los accidentes eran frecuentes, en especial los causados por los trapiches que desgarraban y trituraban los miembros de quienes trabajaban en las moliendas y el encargado de cercenar los destrozados brazos era el carpintero municipal, quien tenía licencia escrita expedida por el alcalde para “practicar amputaciones”, complementando no pocas veces su dramática operación, con un pegote de telarañas con propiedades, según las creencias de entonces, de ser un efectivo anticoagulante. Los tratamientos folclóricos, pintorescos y hasta mágicos eran también muy comunes: los orzuelos se curaban untándose babas en ayunas; al niño que se demoraba en hablar le preparaban un afrechero o pinche y más de una vez nos tocó ir a las mangas a conseguir boñiga de vaca para  mezclarla con leche caliente y así con esta amarga pócima curar la buenamoza.



La salud en Colombia. Caricaturista de la Patria  de Manizales.( tomado de Internet)


Hoy en Colombia, en pleno apogeo de la ciencia terapéutica, pasamos de lo surrealista a lo macabro: mientras se lanzan las campanas al vuelo por la obtención de la paz, nuestro gobernante se pasea por el mundo preconizando las bondades de su gestión y los representantes  le embuten a la Constitución “sapos, micos y conejos”, el pueblo es rechazado en clínicas y hospitales cuando requiere atención médica, sufriendo  el paseo de la muerte;  el paciente ve con angustia como le niegan una cita, después de pasar en vela una noche a las puertas de una EPS asaeteado por el dolor y las madres, sienten la impotencia  de ver la vida de sus hijos apagándose en medio de convulsiones y agónicos estertores,  sin atención que atenúe el  drama y la imposibilidad de obtener el suministro de la providencial medicina que  garantice derecho fundamental a la vida. Sin embargo, no toda Colombia se resignó a estar encandilada con el circo o sainete de corrupción, sofisma e insensibilidad montada por la  la dinastía que nos ha gobernado: en Cartagena, un grupo de médicos impactados por las desgarradoras escenas de ver el suplicio de numerosos niños agobiados por enfermedades terminales, después de agotar tutelas e incidentes de desacato, decidieron como desesperado recurso demandar al Estado Colombiano ante La Asociación Interamericana de Derechos Humanos. La cruda evidencia obligó a la referida entidad a exigirle a los gobernantes las medidas mínimas para proteger la vida de los infantes; sin embargo, el drama continúa para un gran sector de la población infantil  del país.



 Nadie se ruborizó por el fallo que desnuda la falacia de nuestro “Estado Social de Derecho”; lo anormal se ha incorporado a nuestra cotidianidad y la desesperanza aprendida invadió al cuerpo social. Nuestro sistema, dice un ciudadano, dominado por “ira e intenso dolor, motivado por grave e injusta provocación”, logró sutilmente la macabra eficiencia que tuvieron los nazis en destruir la vida humana; pero sin emplear sus siniestras cámaras de horror. ¡ no hay derecho¡  


martes, 7 de noviembre de 2017

Las Minas del Chaquiro y su bosque de niebla.


Las minas del Chaquiro en Santa Rosa de Cabal, Risaralda, Colombia, fueron explotadas desde principios del siglo XX. Los profundos socabones que hieren la montaña y se ramifican por todas direcciones registran su antiguedad; en 1919, se abre un proceso policial, cuando son sorprendidas algunas personas laborando subrepticiamente por la noche en la mina; una de ellas fue capturada y las demás escaparon por un orificio que a manera de respiradero había en la parte superior del túnel. El proceso se cerró cuando el infractor falleció en le hospital local. 




Las Minas del Chaquiro y su bosque de niebla.




El Chaquiro y Rincón Santo.




Hermosas imágenes del bosque, en terrenos inclinados los árboles desarrollan raíces aéreas para anclarse al suelo.




La magia de ese mundo oculto, nuestro bosque de niebla, en peligro de desaparecer si no lo conocemos, protegemos y luchamos por hacer cumplir las normas que instan a su preservación.


Musgos, líquenes , valiosos reguladores del clima e invaluables especies para contrarrestar el letal calentamiento global.




El equipo de demolición de la naturaleza encarnado por hongos, bacterias y microorganismos que descomponen los árboles que han cumplido su ciclo de vida, llenado de nutrientes el suelo y convirtiéndolo en una feraz matriz que reinventa el bosque con las semillas esparcidas por murciélagos, dantas, roedores, aves, el viento y otras especies. 





"Nada se destruye, todo se transforma."





El húmedo, histórico y legendario socavón.


Su historia y  la belleza natural que enmarca su entorno las hacen ideales para implementar el turismo de aventura y de naturaleza, pues el bosque de niebla se manifiesta desde la salida en San Ramón con todas sus maravillosas imágenes. El camino debe cruzar varias veces el río San Eugenio por la carencia de puentes y a medida que se asciende se observa la dinámica de nuestros bosques nativos, frecuentemente cubiertos de neblina, matizados por bromelias, quiches y orquídeas. "Cada árbol es un jardín botánico con decenas de especies asociadas, todas dedicadas a la labor de cosechar las diminutas gotas de agua que forman la neblina. Esta agua que escurre por hojas, ramas y troncos contribuye a incrementar el caudal de los ríos y quebradas que nacen en los páramos". Los sentidos estimulados por el aire puro de la montaña captan el bálsamo que embriaga el espíritu y las formas, colores y sonidos de un mundo oculto para quienes viven en los sulfuroso y tóxico smog de las capitales. En este paradisíaco entorno la naturaleza o la divinidad le asignó una tarea a cada especie animal o planta: el viento esparce las semillas para reinventar el bosque, muchas de ellas medran en los tallos de los grandes árboles como las bromelias que así se empinan para alcanzar los vivificantes rayos del sol; los insectos y las aves obrando como agentes polinizadores se convierten en sembradores alados dejando una estela de vida a medida que cumplen su periplo entre orquídeas y sutiles flores; roedores, marsupiales y murciélagos dispersan a su vez  las semillas de los frutos que les sirven de alimento, mientras el equipo de demolición de la naturaleza, encarnado por hongos, microorganismos y bacterias, descomponen los añejos troncos vencidos por el tiempo, hojas y todo aquella materia orgánica cuyo ciclo se ha cumplido, conviertiéndolos en nutrientes enriqueciendo  el suelo convirtiéndolo en una feraz matriz que fecunda y convierte en alucinante flora la simiente esparcida por los vientos y los demás habitantes de este mundo oculto e ignorado por el hombre moderno, que sólo piensa en lucro y ha convertido en mercancía los bosques que los españoles confundieron con el paraíso terrenal cuando se "toparon" por accidente con nuestro continente. 

Saliendo del socavón con el material.





El vagón con el material iba hacia un planchón" desde el cual se despachaba por una malaquita (cables) el barril con los escombros hasta una especie de canal que los dejaba a disposición de los molinos.




Molinos que trituraban el material.





Imagen que nos permite visualizar el proceso que se realizaba en las minas .








La magia que hechiza y enloquece al mundo.


Las minas. la mina se encuentra en la ladera de la empinada montaña cerca , muy cerca de la entrada cae una cascada que se desprende de una imponente pared vertical: el sector es escabroso y a principios del siglo XX, dos extranjeros se perdieron en sus intrincados bosques y recovecos; uno de ellos se precipitó por un abismo pereciendo en el acto; su cuerpo fue luego rescatado por una comisión encabezada por el alcalde Blas Arbeláez. Su historia la cuento en el presente blog, con el título de "Sangre en las minas del Chaquiro."

La mina está excavada en peña viva y `para ello se empleó la dinamita y el compresor. Estaba compuesta por un molino con varios pisones que trituraban el material; de la colina salía una tubería cuyo diámetro se iba reduciendo para aumentar su fuerza y así activar una rueda pélton que movía el molino integrado por cinco pisones, cada uno accionaba sendos y pesados dados con la fuerza necesaria para atomizar el material extraído del vientre de la montaña. Dos rieles, a veces hechos con las finas maderas del bosque como el encenillo, hoy casi extinto,  encausaba el vagón cargado de roca hasta un planchón. Desde allí, dos cables, uno iba y el otro regresaba, trasportaban sendas malaquitas, consistente en barriles; el que bajaba con el material se desplazaba hasta verter su contenido, después de accionarse una palanca que abría el recipiente, en un canal que como un tabogán dejaba el material a disposición de los pisones donde eran triturados. Después, quedaba una especie de ripio, una parte de éste insinuaba el oro y era depositada en una mesa inclinada y después de someterlo con manguera a la acción del agua, el oro quedaba en la parte superior del inclinado recipiente. La parte del material sobrante y que no insinuaba partículas del áureo metal era depositado en cuatro barriles y mezclada con mercurio, azogue, un vegetal llamado chilca y agua. Cada tonel giraba durante 24 horas. El proceso final se cumplía al depositar los referidos componentes en un recipiente y una vez sometido a la acción del fuego, el oro iba saliendo en terroncitos, refulgente. El procedimiento era como se ve complejo, una especie de alquimia empírica tortuosa y dispendiosa para extraerle a la montaña pequeñas partículas del áureo metal.

En el interior del socabón, los mineros coqueteaban con la muerte, pues eran comunes los desprendimientos de rocas debido a las numerosas filtraciones de agua generando peligrosos derrumbes; por eso, las finas maderas del bosque, reforzaban el túnel soportando la presión de la montaña en las casi dos cuadras de profundidad y sus múltiples derivaciones que seguían las direcciones de las ansiadas vetas.  Se extraía oro y plata y de acuerdo con la narración de uno de los mineros " cuando se perfilaban fibras o hilos blancos y delgados se tomaba un cateador por donde iba pintando la veta DIENTE DE PERRO , ésta se abría o se perdía ...

Se dice que nadie es ateo en el aire o en el mar; los lobos de los océanos expresaban "si vas a entrar al mar, aprende a orar"; los osados mineros también tenían la fe como conjuro para sortear los avatares de su temeraria misión: los socavones tenían nombres : el Cristo, denominado así por una piedrecilla en forma de cruz, propia de este sector de la mina; San Antonio , etc. Tal vez, esta conexión espiritual con el objeto de su devoción, los salvó de quedar devorados por este "Moloch" de rocas, cuando en una ocasión una gigantesca piedra osciló más de lo acostumbrado permitiendo que la voz de alarma llegara a los obreros:¡no toquen esa piedra, salgan todos de la mina¡ y como un milagro, el alud, proyectó hacia afuera a quienes no habían salido todavía del húmedo túnel.

La fe mueve montañas.

Al regresar de este maravilloso recorrido por las minas del Chaquiro y su bosque de niebla, podemos decir como  el ratoncito que por accidente cayó en el tonel con aguardiente y una vez logró salir ya copetón,  después de chapalear por mucho tiempo intentando salir, gritó : ¡"ahora sí que me saquen el gato ¡

Vea en youtube Jaime Fernández Botero los pormenores de la excursión a las minas y su bosque de niebla.




Jaime Fernández Botero



Dibujo realizado por el autor del presente blog, que plasma el complejo proceso de extracción del oro ,



Uno de los barriles que giraba separando el "oro de la escoria"

"el alma" de una frágil hoja eternizada por el paso de eones, miles de años. Fósil que encontramos en el ascenso a las minas, en el lecho del San Eugenio.





Ahora sí : ¡qué nos saquen el gato¡

lunes, 23 de octubre de 2017

Plazuela del Rosario y el monumento a los fundadores.



Tres plazas públicas proyectaron los santarrosanos en el siglo XIX, en el modelo urbanístico que se iría implementando en la ciudad gradualmente en su marcha institucional: el parque de Colón; la plazuela de Santander al norte de la población y la plazuela del Rosario al sur, en la colina del mismo nombre. La primera de ellas,  constituyó el centro de la ciudad y se trazó en 1870. En torno del referido parque, adornado tiempo después con una pila que dejamos perder, empezó a desarrollarse la ciudad, ubicando como centros de poder la casa consistorial o alcaldía, al norte y la iglesia, al sur. Después de 1930, tomó el nombre de Plaza de Bolívar. El sitio elegido para erigir la plaza de Santander se cambió de destinación y se acordó construir allí el Hospitalito infantil, para brindar a los niños una atención especial y personalizada.


Facsímil de boletín número cinco con el cual en 1944, se difundían las actividades procentenario de la ciudad. En la imagen la maqueta del monumento a los fundadores con el busto de Fermín López , la placa con la escena alegórica a los colonizadores y la leona. 


En el lugar asignado para erigir La plazuela del Rosario, se empieza a construir en 1944 el parque de Los Fundadores, como parte de las obras erigidas para conmemorar los cien años de Santa Rosa con la decisiva participación de La Sociedad de Mejoras Públicas. La referida entidad cívica estableció comunicación y motivó a las colonias de santarrosanos residentes en diferentes partes del país y del mundo para lograr la financiación del monumento a los Fundadores con el busto de Fermín López como imagen central; una leona y una placa alegórica alusiva a la gesta de los colonizadores, realzaban y complementaban el  perfil del fundador que sería moldeado por el maestro C. Quintero, quien ya ostentaba un reconocimiento regional en esta modalidad artística.


Como era propio de la esencia de la época, la vinculación de los hijos de la Ciudad Modelo a la obra fue masiva y se inauguró solemnemente con la asistencia de las colonias, personalidades de la ciudad y gran parte de la población; el discurso, una vez se hizo el respectivo descubrimiento, estuvo a cargo del padre Camilo Villegas Ángel, quién entonces era para la ciudad una leyenda por su formación intelectual, sus estrechos vínculos con la cultura europea y hasta ciertos rasgos de rebeldía e imponencia que “escandalizaban” a un sector de la población.


Hermoso Vitral de la Milagrosa, realizado por el artista Alemán Walter Wolf, quien nació en 1906, llegó a Colombia en 1940, realizó obras en diferentes templos del país, como el Santuario de las Lajas en Nariño. Infortunadamente, murió asesinado en su hogar en 1980. Hoy es reconocido como uno de los grandes vitralistas del mundo.

La visión del genio plasmada en las obras de los grandes artistas, no siempre fue comprendida por algún sector de la sociedad: la torre Eiffel fue  catalogada con sorna como una “pajarera gigante” o “monumento feo” y “monstruoso”, sin referirnos siquiera a las simplicidades que se dijeron cuando el maestro Rodrigo Arenas Betancur plasmó el ya legendario Bolívar desnudo. El busto de Fermín López tuvo también en su momento sus críticas, pero muy pronto se olvidaron cuando se conoció la interpretación plástica del autor,  pues  en la época  los códigos del arte imponían moldear con  rasgos Griegos (helénicos) o romanos  las imágenes de quienes se inmortalizaban en bronce, para enaltecer y magnificar su gesta histórica e infundirles un aliento épico. Siguiendo esta tradición, muchas obras de Bolívar tienen rasgos romanos y hasta napoleónicos como expresión del Bolívar pensador, legislador y del Bolívar intemporal y antes de ser miradas con desdén, tienen un valor agregado para los historiadores del arte, porque encarnan la visión que en una época determinada tuvieron quienes modelaron la referida efigie.


Busto de Fermín López



Parque Los Fundadores, en la colina del Rosario.




Desde 1944 todos los alcaldes, sus colaboradores y la población en general tuvieron en la efemérides de la ciudad una cita ante el busto de Fermín López erigido en la colina del Rosario; muchos santarrosanos de niños jugaron en su entorno, recuerdan la “leona” y la escena alegórica a la fundación; el monumento tiene por ende, verdadero significado emocional para nuestra gente y nos sintoniza con quienes hicieron del civismo  la razón de su existencia y hoy ya no están.  Todos estos elementos y aún las historias reales o presuntas  tejidas a su alrededor generan cohesión social, confieren el valor histórico y el halo mítico y de leyenda que la imaginación popular forja. Sería muy satisfactorio  volver a ver la obra completa incluyendo la leona y el retablo de los colonos fundadores y así, con La Escuela Apostólica, el monumental vitral de la Milagrosa del talentoso maestro alemán Walter Wolf y con la obra del meritorio artista  Fitzgerald,  homenaje a los soldados de la Patria,  inaugurada el pasado trece de octubre, convertir el sector histórico de Santa Rosa en el punto de encuentro para difundir y visibilizar las  gestas de nuestros ancestros.

Ver, para mayor información al respecto el blog: Atalaya Santa Rosa de Cabal: El monumento a los fundadores.           

viernes, 13 de octubre de 2017

Institución Educ. Francisco José de Caldas.

                                                                                 

Santa Rosa de Cabal, como todos los pueblos nacidos en el seno de la Colonización Antioqueña, surgió y se consolidó con base en  el trabajo comunitario. Una vez asignados los predios urbanos y rurales a los fundadores de Cabal, primer nombre de nuestra ciudad, los habitantes inspirados en el lema “Dios y Patria” procedieron a construir con sus propias manos el patrimonio público: templo, escuela, cementerio, casa consistorial y caminos empezando a moldear un pueblo donde la educación constituía factor primordial y para garantizar con rentas propias la formación de los niños, 77 santarrosanos  construyeron en 1852 un puente sobre el río Otún, “de madera fina labrada” protegida con un techo de paja. Los viajeros y comerciantes debían pagar un peaje por usarlo y fue así como se dejó la semilla para que en la ciudad germinara con fuerza años después lo que sería una de sus mayores fortalezas: la educación.


La población de Santa Rosa, inspirada en el trabajo colectivo propio de los primeros años de la ciudad, inició con entusiasmo los banqueos y excavaciones para efectuar los cimientos del establecimiento educativo.


Luego se organizaron las "marchas" . del ladrillo, del cemento , como años antes se convocaba a la marcha del huevo, para financiar alguna obra pública o de beneficencia.


En 1944 Santa Rosa celebraba con entusiasmo los cien años de su fundación y en la referida conmemoración, se entregaron obras como la carretera a Termales  abriendo así las puertas al turismo, se inauguró la plazuela del Rosario y la estatua del fundador Fermín López, financiada con los aportes de los santarrosanos residentes fuera del solar nativo; la fachada del Colegio de Jesús y muchas obras más. Sin embargo, a pesar de las obras realizadas orientadas a mejorar la calidad de vida de los habitantes, preocupaba a la población la suerte de los numerosos jóvenes de escasos recursos que culminaban la educación primaria y estaban resignados a suspender sus estudios, pues no había un colegio oficial donde en forma gratuita, pudieran continuar su formación académica. Y  por esta época, en plena efervescencia por la celebración del centenario,  un grupo de personas integrado por los educadores don Antonio Valencia, Roberto Molina, el ciudadano Rogelio Ramírez, el diputado  Carlos Arbeláez  y el doctor Gonzalo Tobón Martínez, entre otros, acordaron promover entre las fuerzas vivas de la ciudad, la creación del colegio oficial; rápidamente se consolidó la propuesta gracias al respaldo incondicional de todos los habitantes, traducido no solamente en apoyo moral, pues  los  aportes económicos obtenidos en múltiples actividades cívicas impulsaron la idea.” Hechos, no palabras, parecía ser la consigna de entonces”. Después cuando el concejo municipal aportó los terrenos y los planos de futura sede educativa fueron aprobados por parte del Ministerio del ramo,  la población sin distinciones de ninguna clase abocó las excavaciones y banqueos para materializar la obra,


El segundo año, se inició en las incipientes instalaciones del colegio, cuya construcción seguía  a medida que los estudiantes iban avanzando en su educación.


 
La sede educativa iba tomando forma, sin prisa, pero sin pausa.

Luego, la herencia comunitaria inherente al trabajo colectivo legado de los fundadores, afloró con inusitado entusiasmo a través de  una actividad que constituyó  un rasgo característico de la ciudad desde los albores de su nacimiento: las marchas. Y así se organizaron la marcha del ladrillo, del cemento, de la arena  como años atrás se convocaba a la marcha del huevo, para financiar obras públicas o sociales; los huevos se vendían en las ciudades vecinas  y de allí surgió el apelativo de “hueveros”, expresión inicialmente peyorativa y hasta ofensiva, pero con el tiempo se dulcificó porque en el fondo era un trasunto del espíritu cívico de los habitantes de la ciudad y en vez de rabia, producía orgullo.


Ya en 1951, después de la aprobación de los cuatro primeros años de bachillerato, estaba terminado el tercer piso, y empezar la adecuación de las instalaciones para los dos últimos años, laboratorios y las demás exigencias para el reto de lograr la aprobación de todo el bachillerato y la preparatoria.


La creación del colegio tenía ya una dinámica propia y aunque era un reto superior a las posibilidades económicas del municipio, se asumió con fe y esperanza: el Concejo Municipal expidió el acuerdo 71 del 27 de diciembre de 1946 por el cual se disponía el funcionamiento oficial del Colegio de  Segunda enseñanza; creaba los cargos de Rector, Vicerrector y secretario Profesor  asumidos por el licenciado Juan Manuel Marulanda, don Antonio Pizarro y Camilo García respectivamente. Mientras se terminaba la planta física en construcción el establecimiento inició labores el 1º de febrero de 1947, en una casa alquilada, adaptada para tales efectos y el personal docente se complementó con otros profesores, como don Roberto Molina y el comandante de policía, quien enseñaba educación física, presumiblemente sin cobrar emolumento alguno como lo hicieron algunos preceptores en los comienzos del plantel. En noviembre, se da al servicio una parte del edificio en construcción; ya había culminado el primer año de labores y la ceremonia solemne y emotiva de inauguración la presidió el director de Educación de Caldas.

Magistral imagen de un Bolívar agobiado, vencido por la "ingratitud" que lo llevó a la tumba , según Manuelita, Obra de don Neftalí García, profesor del colegio en sus primeros años y que fue un referente en nuestro paso por el plantel.


Don Luis Sanabria, Profresor Oswaldo Martínez, y Rut Henao? y la imagen de Bolívar de don Neftalí García.


Las cometas se elevan en contra del viento.
El camino iniciado se vislumbraba incierto, lleno de escollos: el horizonte de la patria se cubría de oscuros nubarrones, pues el enfrentamiento gobierno y oposición arreciaba dificultando el ansiado proyecto educativo y los costos de funcionamiento y construcción de la sede aumentaban.


En este contexto, se inicia en 1948, el segundo año lectivo, en incipientes aulas  donde le frío y los chubascos azotaban la humanidad de los estudiantes, pues de las ventanas apenas sí existían los marcos y la obra en general estaba en obra negra.  El objetivo de directivos, autoridades y padres de familia era obtener la nacionalización del colegio y así lograr que los gastos de funcionamiento y terminación del edificio estuvieran a cargo del ente nacional; por eso, en febrero visita el establecimiento el Ministro de Educación para acordar los pasos a seguir en el proceso de nacionalización. En los primeros meses del referido año, como previendo la tormenta que se desataría en el país, se obtuvieron trascendentales logros: se asigna el nombre de Francisco José de Caldas al colegio, sabio a quien el departamento de Caldas, entidad territorial a la cual pertenecía Santa Rosa en ese entonces, también le rendía homenaje; la onerosa carga económica comienza a atenuarse cuando el licenciado Marulanda es nombrado Inspector Nacional con funciones de Rector del colegio y el departamento se hace cargo de los emolumentos de los profesores Roberto Molina, Cristóbal Cardona y don José Nabor Montoya de quien admiré sus admirables recursos pedagógicos en la enseñanza de la geografía universal.


Por esa misma época, empieza a perfilarse la biblioteca, cuyos textos moldearon decisivamente el espíritu del estudiante Caldista, con ejemplares donados por la población en las ya tradicionales marchas del libro; los referidos textos  irían en el futuro a enriquecer el recordado recinto con colecciones como El Tesoro de la Juventud, Clásicos Castellanos, hasta llegar a la legendaria Enciclopedia Espasa que aún reposa en los estantes de la hoy Institución Francisco José de Caldas y aunque en la era de la digitalización,  es una pieza de museo, fulge como  un testimonio histórico de la magna gesta  educativa.


Y en abril estalla la tormenta. El líder Jorge Eliécer Gaitán, quien encarnaba la esperanza popular fue asesinado. Bogotá y parte del país, siente la ira e intenso dolor del pueblo, asaeteado por la rabia y la frustración. En 1949  el proyecto de nacionalización, después de ser aprobado por la Cámara de Representantes a instancias del representante santarrosano, doctor Guillermo Mejía Ángel, quedó sin ser aprobado por el Senado de la República debido a las tensa situación nacional, frustrando momentáneamente la visión inicial de la comunidad educativa.


Obra del profesor Eliécer Erazo, hecha en 1959, en la rectoría de don Julio César Feulliet, que la fraternidad Caldista nunca olvida.


El sabio Caldas, pintura restaurada para conmemorar los setenta años de la Institución Francisco José de Caldas.


El acero se forja a golpes. Pero, no había lugar a hacer duelo alguno; el acero se templa a golpes y era necesario, redoblar esfuerzos para recibir a la severa comisión nacional de inspectores quienes irían a evaluar la marcha institucional para  aprobar o no los cuatro primeros años. Tensión, actividad, suspenso y frenéticos  esfuerzos para obtener las exigencias académicas requeridas entonces y sortear con éxito la trascendental prueba. La comisión de evaluadores se presentó en el mes de septiembre de 1950. Una vez cumplida su misión se marchó… sin insinuar, ni vislumbrar resultado alguno. Pasó el tiempo, la expectativa apenas si permitía seguir con las labores académicas; hasta que la ansiada comunicación del ministerio se recibió el 2 de noviembre: El prestigioso intelectual Antonio Álvarez Restrepo Ministro de Educación de entonces, anunciaba la aprobación de estudios hasta el cuarto año, incluyendo la preparatoria… Y la emoción acumulada y contenida durante meses afloró con efusión volcánica: alborozo, ambiente festivo,  desfiles e integración de todos los estamentos de la ciudad, celebrando el cumplimiento de una de las metas propuestas en el proyecto educativo del municipio.


El alma juglaresca propia de la época afloró con los versos compuestos por el profesor Luis Perea, celebrando el logro entonados por la población estudiantil con los acordes de la canción, emblema del Méjico grande y querido  “Cielito Lindo” y cuyos ecos se escucharon por todos los lares de la población compendiando  los anhelos de esta encomiable gesta educativa el texto de la tonada, la inserta el entonces estudiante, Joel  López Duque en los anales del colegio 1947 – 1962 :

“Ese ministro amable, cielito lindo de educación/ ha impartido al colegio, cielito lindo, su aprobación”

Y el coro decía: Ay, ay, ay canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo los corazones”

El pueblo de alegría, cielito lindo, ya se rebosa/ porque crece en cultura, cielito lindo en Santa Rosa.

Las callejas se tildan, cielito lindo, de sumo gozo/ con la magna noticia, de aqueste fasto tan portentoso.

Pronto nuestro colegio, cielito lindo, tendrá el buen trato/ de dar a sus muchachos cielito lindo, bachillerato.

Todos los estudiantes, cielito lindo, con todo amaño/ pueden pasar sin trabas, cielito lindo, de su cuarto año.

Quedan faltando ahora, cielito lindo, que en noble gesto/ nos aprueben prontico, cielito lindo, el quinto y sexto.

Y llenaremos pronto, cielito lindo, nuestros quereres/ expidiendo diplomas, cielito lindo, de bachilleres.

Pero, falta otro punto, cielito lindo, fundamental/ que nos terminen pronto, cielito lindo nuestro local.”.


Profesores del colegio, década del sesenta: Gerardo Guzmán, Rodrigo Robledo, Ignacio Rengifo, Jesús María Arias,  profesor Gallego?,Jesús María Valencia,, José J. Henao, Oswaldo Martínez, Nabor Montoya, profesor Forero, don Victor Rodíguez Parrado, (secretario), Ancízar Gonzáles, profesor Arango y Jorge Orozco.




La bandera de la institución se diseñó en 1954,durante la rectoría del padre Arturo Mejía.


Costado sur oriental del colegio, después tuvo un hermoso jardín engalanado con pérgolas y veraneras.


El padre Arturo Mejía?, bueno... es una imagen para identificar.


Misión cumplida.


En 1951, con la decisiva colaboración del alcalde de entonces, don César Botero, el colegio es departamentalizado; es decir, su funcionamiento pasa a ser costeado por el departamento de Caldas. Las autoridades del municipio, las directivas y cuerpo docente, estudiantes y padres de familia habían cumplido parte de misión, de garantizar la vigencia del establecimiento con una financiación garantizada y no dependiendo sólo de las exhaustas arcas municipales, de algún precario aporte estatal o de las “Kermesses”, “cantarillas”, cines o semanas pro colegio oficial.

 Ya nada detendría el proyecto educativo y aunque los años quinto y sexto, demandarían más gastos, pues aparte de la terminación del tercer piso, (ocupado el 23 de julio de 1951 por uno de los grupos primero), se requerirían nuevos laboratorios de física y química y la dotación de la banda de guerra; la nave surcaba ya fluida y rauda por aguas tranquilas que la llevaría a buen puerto en 1952, cuando el Senado de la República, aprueba definitivamente el proyecto, que había quedado “congelado”, nacionalizando el colegio, quedando el gobierno central comprometido a aportar anualmente $35.000ºº , el departamento $25.000ºº y el municipio $6.000ºº .

 “El moño” que cerraba este trascendental ciclo llegó con la aprobación, al finalizar el año de 1952 los estudios del colegio hasta sexto de bachillerato y la graduación en noviembre de la primera promoción de bachilleres.


Desde entonces, mucha agua ha pasado bajo el puente del río San Eugenio. Aguas calmas, y aguas procelosas como el terremoto que arrasó lo  que tanto esfuerzo costó a los santarrosanos, pero  como el ave fénix, resurgió con el mismo brío de antaño, desde sus escombros, desde sus cenizas y hoy  conmemora airoso sus flamantes setenta años, celebrados con emoción, sentido de pertenencia y entusiasmo por cientos de alumnos y exalumnos, conscientes de pertenecer orgullosos a la Hermandad Caldista. 

El colegio, resurge de sus cenizas...



Y como el ave Fénix, reemprende el vuelo, en pos de la misión que la adversidad nunca truncó. 



El alma de una Institución. Las instituciones, como los seres humanos tienen un alma, un espíritu, un élam, una huella digital, una personalidad. Y la personalidad de la Institución Francisco José de Caldas, cuyos genes heredaron todos sus estudiantes, se gestó en sus albores bajo la influencia de sus directivas y docentes cuando ya en 1948, empiezan a darle forma a la biblioteca, ese paraíso de Jorge Luis Borges quien  concebía el cielo como un “gran espacio lleno de libros”, donde nos conectamos, bajo el severo rótulo de “Silencio”, que a pesar de la idea dominante hoy, a nadie hizo daño, con los mejores exponentes del pensamiento universal y penetramos a otras dimensiones espirituales; El Centro Literario, modelo de disciplina académica ya desde 1950 nos invitaba a enfrentar al “monstruo de las mil cabezas”, a perderle el miedo al público y sin imposiciones  permitía el libre albedrío para escoger el tema con el cual íbamos a desafiar la crítica acerba y no siempre justa de nuestros compañeros: canciones, sainetes, declamación, exposiciones, etc.; la banda de guerra, marcial, imponente, vistosa surgida después de 1951; sus símbolos, himno y bandera gestados en 1954, bajo la administración del padre Arturo Mejía, polémico, político apasionado, fervoroso seguidor del ideario del presidente de entonces, Gustavo Rojas Pinilla, el padre Mejía, con su fructífero emprendimiento impulsó el deporte terminando los campos deportivos iniciando una época brillante donde el colegio asumió el liderazgo en la actividad del músculo durante muchos años,  siguiendo la premisa de “mente sana en cuerpo sano”; el significativo escudo  del plantel, diseñado en 1959 en la administración de don Julio César Feuillet, quien en compañía de Víctor Rodríguez dejó también otras obras que de una u otra forma, permanecen en el imaginario de muchas generaciones como el gigantesco, o al menos así lo recuerdo, mapa de Colombia hecho en alto relieve con cemento en uno de los patios del colegio con sus cordilleras, ríos , vertientes, ciudades, accidentes geográficos  y en particular el rigor académico de un modelo académico que con sus errores y defectos, convertía el estudio en el centro de la vida del alumno; todo estaba subordinado a las disciplinas académicas,  pasando  a segundo plano los noviazgos, fiestas y el deporte como quedaba evidenciado en la época de exámenes finales, cuando se concentraban en las noches cientos de estudiantes, recorriendo en oleadas la plaza de Bolívar “repasando”, discutiendo y analizando en grupo los temas de evaluación bajo una atmósfera cultural imposible de imaginar en la realidad actual. Era el rasgo distintivo que le otorgó a Santa Rosa el reconocimiento de ser una Ciudad Cultural y Educativa de primer orden, claro está con la participación de los demás establecimientos docentes, exponentes de todas las modalidades académicas de entonces, título que hoy,  bajo los nuevos contextos  pedagógicos y sociales sigue en vigencia.

Revista gimnástica en el colegio Labouré.



Banda de Guerra iniciada en 1951.





El deporte fue casi una religión impulsada en diferente épocas por entusiastas educadores bajo el lema : ·mente sana , en cuerpo sano"


Selección de fútbol, bajo la dirección del recordado profesor Orozco. Entre otros, nuestros recordados amigos, Arturo Valencia, yAdán Acevedo,  Carlos Guarín, porteros; Chucho Rincón, por ahí ando yo también e intentaremos identificar el resto de los jugadores.




desfilando al frente de la Casa Consistorial.


La semilla  dejada por los fundadores en 1852, con la construcción del puente sobre el río Otún para financiar la escuela de entonces, había germinado y se convirtió en un frondoso árbol  esparciendo su aura vivificante sobre la población,

1972, Bodas de plata del colegio. Se condecoró con la "Medalla Caldense" al doctor Guillermo Mejía Ángel, en su momento el Representante a la Cámara quien presentó el proyecto de ley ante el congreso de la república para nacionalizar al colegio. Aparece el doctor Luis Eduardo Castro Montes, Gonzalo Tobón, doctor Guillermo Mejía Ángel, don Roberto Molina, uno de los primeros profesores del plantel, don Gerado Guzmán y el historiador y profesor del colegio don Enrique Valaencia R.


Bodas de Plata.







Profesores de la Institución.



1997, Arango, Jairo Serna, el profesor Jorge Orozco, Jaime Fernández B., Marco Nel, y don Benjamín Duque.


1997, el autor del presente artículo en el encuentro de egresados.

Año 2017.El autor del presente texto, ante los estudiantes de la Institución Francisco José de Caldas, exponiendo ante el alumnado la reseña histórica del plantel.


La gesta que culminó con la construcción de la Institución Educativa Francisco José de Caldas, nació, siguiendo la tradición de los fundadores, de la entraña misma de la población que veía como su juventud estaba al margen de la influencia del fuego sagrado del saber y todos a una, como en Fuenteovejuna, se unieron para materializar un sueño y lograr después con el valioso aporte de múltiples agentes públicos y privados,  erigir un plantel que durante setenta años ha  cumplido un rol estelar en la formación académica de la juventud de Santa Rosa y Colombia. Así  se reconoció en el concurrido, emotivo y significativo encuentro de egresados efectuado el viernes 6 de octubre, organizado por el grupo de docentes , directivos y otros activos colaboradores del plantel bajo la dirección y el liderazgo de la licenciada Nancy Osorio Quintero quien desde el año 2011,  además de preservar el legado recibido de sus antecesores, implementa puntuales directrices para lograr una educación basada en valores  formando jóvenes competentes, enamorados y convencidos del poder del estudio para cambiar y transformar positivamente la sociedad y ser actores de un nuevo orden.

Año 2017, en la conmemoración de los setenta años del colegio, la delegación de los egresados de la promoción 1978, hacen entrega de la placa que hará parte del "muro de la gratitud". Hernán López, Álvaro Henao y Elkin Saldarriaga.


Viernes , 6 de octubre de 2017, emotivo encuentro de egresados de la Institución Educativa Francisco José de Caldas.



Jaime Fernández Botero, de la promoción de bachilleres de 1970, autor de la presente reseña histórica del colegio.





Promoción 1986.


Bibliografía: Historia de Santa Rosa de Cabal, del historiador, líder cívico  y profesor del colegio, Don Enrique Valencia, R.
Síntesis historial del Colegio Nacional Francisco José de Caldas, publicado por el entonces alumno de sexto año Joel López Duque en los Anales del Colegio 1947 – 1962.
La Civilización Cafetera, de Jaime Fernández Botero, publicada en Alemania por la Editorial Académica Española.