viernes, 13 de octubre de 2017

Institución Educ. Francisco José de Caldas.

                                                                                 

Santa Rosa de Cabal, como todos los pueblos nacidos en el seno de la Colonización Antioqueña, surgió y se consolidó con base en  el trabajo comunitario. Una vez asignados los predios urbanos y rurales a los fundadores de Cabal, primer nombre de nuestra ciudad, los habitantes inspirados en el lema “Dios y Patria” procedieron a construir con sus propias manos el patrimonio público: templo, escuela, cementerio, casa consistorial y caminos empezando a moldear un pueblo donde la educación constituía factor primordial y para garantizar con rentas propias la formación de los niños, 77 santarrosanos  construyeron en 1852 un puente sobre el río Otún, “de madera fina labrada” protegida con un techo de paja. Los viajeros y comerciantes debían pagar un peaje por usarlo y fue así como se dejó la semilla para que en la ciudad germinara con fuerza años después lo que sería una de sus mayores fortalezas: la educación.


La población de Santa Rosa, inspirada en el trabajo colectivo propio de los primeros años de la ciudad, inició con entusiasmo los banqueos y excavaciones para efectuar los cimientos del establecimiento educativo.


Luego se organizaron las "marchas" . del ladrillo, del cemento , como años antes se convocaba a la marcha del huevo, para financiar alguna obra pública o de beneficencia.


En 1944 Santa Rosa celebraba con entusiasmo los cien años de su fundación y en la referida conmemoración, se entregaron obras como la carretera a Termales  abriendo así las puertas al turismo, se inauguró la plazuela del Rosario y la estatua del fundador Fermín López, financiada con los aportes de los santarrosanos residentes fuera del solar nativo; la fachada del Colegio de Jesús y muchas obras más. Sin embargo, a pesar de las obras realizadas orientadas a mejorar la calidad de vida de los habitantes, preocupaba a la población la suerte de los numerosos jóvenes de escasos recursos que culminaban la educación primaria y estaban resignados a suspender sus estudios, pues no había un colegio oficial donde en forma gratuita, pudieran continuar su formación académica. Y  por esta época, en plena efervescencia por la celebración del centenario,  un grupo de personas integrado por los educadores don Antonio Valencia, Roberto Molina, el ciudadano Rogelio Ramírez, el diputado  Carlos Arbeláez  y el doctor Gonzalo Tobón Martínez, entre otros, acordaron promover entre las fuerzas vivas de la ciudad, la creación del colegio oficial; rápidamente se consolidó la propuesta gracias al respaldo incondicional de todos los habitantes, traducido no solamente en apoyo moral, pues  los  aportes económicos obtenidos en múltiples actividades cívicas impulsaron la idea.” Hechos, no palabras, parecía ser la consigna de entonces”. Después cuando el concejo municipal aportó los terrenos y los planos de futura sede educativa fueron aprobados por parte del Ministerio del ramo,  la población sin distinciones de ninguna clase abocó las excavaciones y banqueos para materializar la obra,


El segundo año, se inició en las incipientes instalaciones del colegio, cuya construcción seguía  a medida que los estudiantes iban avanzando en su educación.


 
La sede educativa iba tomando forma, sin prisa, pero sin pausa.

Luego, la herencia comunitaria inherente al trabajo colectivo legado de los fundadores, afloró con inusitado entusiasmo a través de  una actividad que constituyó  un rasgo característico de la ciudad desde los albores de su nacimiento: las marchas. Y así se organizaron la marcha del ladrillo, del cemento, de la arena  como años atrás se convocaba a la marcha del huevo, para financiar obras públicas o sociales; los huevos se vendían en las ciudades vecinas  y de allí surgió el apelativo de “hueveros”, expresión inicialmente peyorativa y hasta ofensiva, pero con el tiempo se dulcificó porque en el fondo era un trasunto del espíritu cívico de los habitantes de la ciudad y en vez de rabia, producía orgullo.


Ya en 1951, después de la aprobación de los cuatro primeros años de bachillerato, estaba terminado el tercer piso, y empezar la adecuación de las instalaciones para los dos últimos años, laboratorios y las demás exigencias para el reto de lograr la aprobación de todo el bachillerato y la preparatoria.


La creación del colegio tenía ya una dinámica propia y aunque era un reto superior a las posibilidades económicas del municipio, se asumió con fe y esperanza: el Concejo Municipal expidió el acuerdo 71 del 27 de diciembre de 1946 por el cual se disponía el funcionamiento oficial del Colegio de  Segunda enseñanza; creaba los cargos de Rector, Vicerrector y secretario Profesor  asumidos por el licenciado Juan Manuel Marulanda, don Antonio Pizarro y Camilo García respectivamente. Mientras se terminaba la planta física en construcción el establecimiento inició labores el 1º de febrero de 1947, en una casa alquilada, adaptada para tales efectos y el personal docente se complementó con otros profesores, como don Roberto Molina y el comandante de policía, quien enseñaba educación física, presumiblemente sin cobrar emolumento alguno como lo hicieron algunos preceptores en los comienzos del plantel. En noviembre, se da al servicio una parte del edificio en construcción; ya había culminado el primer año de labores y la ceremonia solemne y emotiva de inauguración la presidió el director de Educación de Caldas.

Magistral imagen de un Bolívar agobiado, vencido por la "ingratitud" que lo llevó a la tumba , según Manuelita, Obra de don Neftalí García, profesor del colegio en sus primeros años y que fue un referente en nuestro paso por el plantel.


Don Luis Sanabria, Profresor Oswaldo Martínez, y Rut Henao? y la imagen de Bolívar de don Neftalí García.


Las cometas se elevan en contra del viento.
El camino iniciado se vislumbraba incierto, lleno de escollos: el horizonte de la patria se cubría de oscuros nubarrones, pues el enfrentamiento gobierno y oposición arreciaba dificultando el ansiado proyecto educativo y los costos de funcionamiento y construcción de la sede aumentaban.


En este contexto, se inicia en 1948, el segundo año lectivo, en incipientes aulas  donde le frío y los chubascos azotaban la humanidad de los estudiantes, pues de las ventanas apenas sí existían los marcos y la obra en general estaba en obra negra.  El objetivo de directivos, autoridades y padres de familia era obtener la nacionalización del colegio y así lograr que los gastos de funcionamiento y terminación del edificio estuvieran a cargo del ente nacional; por eso, en febrero visita el establecimiento el Ministro de Educación para acordar los pasos a seguir en el proceso de nacionalización. En los primeros meses del referido año, como previendo la tormenta que se desataría en el país, se obtuvieron trascendentales logros: se asigna el nombre de Francisco José de Caldas al colegio, sabio a quien el departamento de Caldas, entidad territorial a la cual pertenecía Santa Rosa en ese entonces, también le rendía homenaje; la onerosa carga económica comienza a atenuarse cuando el licenciado Marulanda es nombrado Inspector Nacional con funciones de Rector del colegio y el departamento se hace cargo de los emolumentos de los profesores Roberto Molina, Cristóbal Cardona y don José Nabor Montoya de quien admiré sus admirables recursos pedagógicos en la enseñanza de la geografía universal.


Por esa misma época, empieza a perfilarse la biblioteca, cuyos textos moldearon decisivamente el espíritu del estudiante Caldista, con ejemplares donados por la población en las ya tradicionales marchas del libro; los referidos textos  irían en el futuro a enriquecer el recordado recinto con colecciones como El Tesoro de la Juventud, Clásicos Castellanos, hasta llegar a la legendaria Enciclopedia Espasa que aún reposa en los estantes de la hoy Institución Francisco José de Caldas y aunque en la era de la digitalización,  es una pieza de museo, fulge como  un testimonio histórico de la magna gesta  educativa.


Y en abril estalla la tormenta. El líder Jorge Eliécer Gaitán, quien encarnaba la esperanza popular fue asesinado. Bogotá y parte del país, siente la ira e intenso dolor del pueblo, asaeteado por la rabia y la frustración. En 1949  el proyecto de nacionalización, después de ser aprobado por la Cámara de Representantes a instancias del representante santarrosano, doctor Guillermo Mejía Ángel, quedó sin ser aprobado por el Senado de la República debido a las tensa situación nacional, frustrando momentáneamente la visión inicial de la comunidad educativa.


Obra del profesor Eliécer Erazo, hecha en 1959, en la rectoría de don Julio César Feulliet, que la fraternidad Caldista nunca olvida.


El sabio Caldas, pintura restaurada para conmemorar los setenta años de la Institución Francisco José de Caldas.


El acero se forja a golpes. Pero, no había lugar a hacer duelo alguno; el acero se templa a golpes y era necesario, redoblar esfuerzos para recibir a la severa comisión nacional de inspectores quienes irían a evaluar la marcha institucional para  aprobar o no los cuatro primeros años. Tensión, actividad, suspenso y frenéticos  esfuerzos para obtener las exigencias académicas requeridas entonces y sortear con éxito la trascendental prueba. La comisión de evaluadores se presentó en el mes de septiembre de 1950. Una vez cumplida su misión se marchó… sin insinuar, ni vislumbrar resultado alguno. Pasó el tiempo, la expectativa apenas si permitía seguir con las labores académicas; hasta que la ansiada comunicación del ministerio se recibió el 2 de noviembre: El prestigioso intelectual Antonio Álvarez Restrepo Ministro de Educación de entonces, anunciaba la aprobación de estudios hasta el cuarto año, incluyendo la preparatoria… Y la emoción acumulada y contenida durante meses afloró con efusión volcánica: alborozo, ambiente festivo,  desfiles e integración de todos los estamentos de la ciudad, celebrando el cumplimiento de una de las metas propuestas en el proyecto educativo del municipio.


El alma juglaresca propia de la época afloró con los versos compuestos por el profesor Luis Perea, celebrando el logro entonados por la población estudiantil con los acordes de la canción, emblema del Méjico grande y querido  “Cielito Lindo” y cuyos ecos se escucharon por todos los lares de la población compendiando  los anhelos de esta encomiable gesta educativa el texto de la tonada, la inserta el entonces estudiante, Joel  López Duque en los anales del colegio 1947 – 1962 :

“Ese ministro amable, cielito lindo de educación/ ha impartido al colegio, cielito lindo, su aprobación”

Y el coro decía: Ay, ay, ay canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo los corazones”

El pueblo de alegría, cielito lindo, ya se rebosa/ porque crece en cultura, cielito lindo en Santa Rosa.

Las callejas se tildan, cielito lindo, de sumo gozo/ con la magna noticia, de aqueste fasto tan portentoso.

Pronto nuestro colegio, cielito lindo, tendrá el buen trato/ de dar a sus muchachos cielito lindo, bachillerato.

Todos los estudiantes, cielito lindo, con todo amaño/ pueden pasar sin trabas, cielito lindo, de su cuarto año.

Quedan faltando ahora, cielito lindo, que en noble gesto/ nos aprueben prontico, cielito lindo, el quinto y sexto.

Y llenaremos pronto, cielito lindo, nuestros quereres/ expidiendo diplomas, cielito lindo, de bachilleres.

Pero, falta otro punto, cielito lindo, fundamental/ que nos terminen pronto, cielito lindo nuestro local.”.


Profesores del colegio, década del sesenta: Gerardo Guzmán, Rodrigo Robledo, Ignacio Rengifo, Jesús María Arias,  profesor Gallego?,Jesús María Valencia,, José J. Henao, Oswaldo Martínez, Nabor Montoya, profesor Forero, don Victor Rodíguez Parrado, (secretario), Ancízar Gonzáles, profesor Arango y Jorge Orozco.




La bandera de la institución se diseñó en 1954,durante la rectoría del padre Arturo Mejía.


Costado sur oriental del colegio, después tuvo un hermoso jardín engalanado con pérgolas y veraneras.


El padre Arturo Mejía?, bueno... es una imagen para identificar.


Misión cumplida.


En 1951, con la decisiva colaboración del alcalde de entonces, don César Botero, el colegio es departamentalizado; es decir, su funcionamiento pasa a ser costeado por el departamento de Caldas. Las autoridades del municipio, las directivas y cuerpo docente, estudiantes y padres de familia habían cumplido parte de misión, de garantizar la vigencia del establecimiento con una financiación garantizada y no dependiendo sólo de las exhaustas arcas municipales, de algún precario aporte estatal o de las “Kermesses”, “cantarillas”, cines o semanas pro colegio oficial.

 Ya nada detendría el proyecto educativo y aunque los años quinto y sexto, demandarían más gastos, pues aparte de la terminación del tercer piso, (ocupado el 23 de julio de 1951 por uno de los grupos primero), se requerirían nuevos laboratorios de física y química y la dotación de la banda de guerra; la nave surcaba ya fluida y rauda por aguas tranquilas que la llevaría a buen puerto en 1952, cuando el Senado de la República, aprueba definitivamente el proyecto, que había quedado “congelado”, nacionalizando el colegio, quedando el gobierno central comprometido a aportar anualmente $35.000ºº , el departamento $25.000ºº y el municipio $6.000ºº .

 “El moño” que cerraba este trascendental ciclo llegó con la aprobación, al finalizar el año de 1952 los estudios del colegio hasta sexto de bachillerato y la graduación en noviembre de la primera promoción de bachilleres.


Desde entonces, mucha agua ha pasado bajo el puente del río San Eugenio. Aguas calmas, y aguas procelosas como el terremoto que arrasó lo  que tanto esfuerzo costó a los santarrosanos, pero  como el ave fénix, resurgió con el mismo brío de antaño, desde sus escombros, desde sus cenizas y hoy  conmemora airoso sus flamantes setenta años, celebrados con emoción, sentido de pertenencia y entusiasmo por cientos de alumnos y exalumnos, conscientes de pertenecer orgullosos a la Hermandad Caldista. 

El colegio, resurge de sus cenizas...



Y como el ave Fénix, reemprende el vuelo, en pos de la misión que la adversidad nunca truncó. 



El alma de una Institución. Las instituciones, como los seres humanos tienen un alma, un espíritu, un élam, una huella digital, una personalidad. Y la personalidad de la Institución Francisco José de Caldas, cuyos genes heredaron todos sus estudiantes, se gestó en sus albores bajo la influencia de sus directivas y docentes cuando ya en 1948, empiezan a darle forma a la biblioteca, ese paraíso de Jorge Luis Borges quien  concebía el cielo como un “gran espacio lleno de libros”, donde nos conectamos, bajo el severo rótulo de “Silencio”, que a pesar de la idea dominante hoy, a nadie hizo daño, con los mejores exponentes del pensamiento universal y penetramos a otras dimensiones espirituales; El Centro Literario, modelo de disciplina académica ya desde 1950 nos invitaba a enfrentar al “monstruo de las mil cabezas”, a perderle el miedo al público y sin imposiciones  permitía el libre albedrío para escoger el tema con el cual íbamos a desafiar la crítica acerba y no siempre justa de nuestros compañeros: canciones, sainetes, declamación, exposiciones, etc.; la banda de guerra, marcial, imponente, vistosa surgida después de 1951; sus símbolos, himno y bandera gestados en 1954, bajo la administración del padre Arturo Mejía, polémico, político apasionado, fervoroso seguidor del ideario del presidente de entonces, Gustavo Rojas Pinilla, el padre Mejía, con su fructífero emprendimiento impulsó el deporte terminando los campos deportivos iniciando una época brillante donde el colegio asumió el liderazgo en la actividad del músculo durante muchos años,  siguiendo la premisa de “mente sana en cuerpo sano”; el significativo escudo  del plantel, diseñado en 1959 en la administración de don Julio César Feuillet, quien en compañía de Víctor Rodríguez dejó también otras obras que de una u otra forma, permanecen en el imaginario de muchas generaciones como el gigantesco, o al menos así lo recuerdo, mapa de Colombia hecho en alto relieve con cemento en uno de los patios del colegio con sus cordilleras, ríos , vertientes, ciudades, accidentes geográficos  y en particular el rigor académico de un modelo académico que con sus errores y defectos, convertía el estudio en el centro de la vida del alumno; todo estaba subordinado a las disciplinas académicas,  pasando  a segundo plano los noviazgos, fiestas y el deporte como quedaba evidenciado en la época de exámenes finales, cuando se concentraban en las noches cientos de estudiantes, recorriendo en oleadas la plaza de Bolívar “repasando”, discutiendo y analizando en grupo los temas de evaluación bajo una atmósfera cultural imposible de imaginar en la realidad actual. Era el rasgo distintivo que le otorgó a Santa Rosa el reconocimiento de ser una Ciudad Cultural y Educativa de primer orden, claro está con la participación de los demás establecimientos docentes, exponentes de todas las modalidades académicas de entonces, título que hoy,  bajo los nuevos contextos  pedagógicos y sociales sigue en vigencia.

Revista gimnástica en el colegio Labouré.



Banda de Guerra iniciada en 1951.





El deporte fue casi una religión impulsada en diferente épocas por entusiastas educadores bajo el lema : ·mente sana , en cuerpo sano"


Selección de fútbol, bajo la dirección del recordado profesor Orozco. Entre otros, nuestros recordados amigos, Arturo Valencia, yAdán Acevedo,  Carlos Guarín, porteros; Chucho Rincón, por ahí ando yo también e intentaremos identificar el resto de los jugadores.




desfilando al frente de la Casa Consistorial.


La semilla  dejada por los fundadores en 1852, con la construcción del puente sobre el río Otún para financiar la escuela de entonces, había germinado y se convirtió en un frondoso árbol  esparciendo su aura vivificante sobre la población,

1972, Bodas de plata del colegio. Se condecoró con la "Medalla Caldense" al doctor Guillermo Mejía Ángel, en su momento el Representante a la Cámara quien presentó el proyecto de ley ante el congreso de la república para nacionalizar al colegio. Aparece el doctor Luis Eduardo Castro Montes, Gonzalo Tobón, doctor Guillermo Mejía Ángel, don Roberto Molina, uno de los primeros profesores del plantel, don Gerado Guzmán y el historiador y profesor del colegio don Enrique Valaencia R.


Bodas de Plata.







Profesores de la Institución.



1997, Arango, Jairo Serna, el profesor Jorge Orozco, Jaime Fernández B., Marco Nel, y don Benjamín Duque.


1997, el autor del presente artículo en el encuentro de egresados.

Año 2017.El autor del presente texto, ante los estudiantes de la Institución Francisco José de Caldas, exponiendo ante el alumnado la reseña histórica del plantel.


La gesta que culminó con la construcción de la Institución Educativa Francisco José de Caldas, nació, siguiendo la tradición de los fundadores, de la entraña misma de la población que veía como su juventud estaba al margen de la influencia del fuego sagrado del saber y todos a una, como en Fuenteovejuna, se unieron para materializar un sueño y lograr después con el valioso aporte de múltiples agentes públicos y privados,  erigir un plantel que durante setenta años ha  cumplido un rol estelar en la formación académica de la juventud de Santa Rosa y Colombia. Así  se reconoció en el concurrido, emotivo y significativo encuentro de egresados efectuado el viernes 6 de octubre, organizado por el grupo de docentes , directivos y otros activos colaboradores del plantel bajo la dirección y el liderazgo de la licenciada Nancy Osorio Quintero quien desde el año 2011,  además de preservar el legado recibido de sus antecesores, implementa puntuales directrices para lograr una educación basada en valores  formando jóvenes competentes, enamorados y convencidos del poder del estudio para cambiar y transformar positivamente la sociedad y ser actores de un nuevo orden.

Año 2017, en la conmemoración de los setenta años del colegio, la delegación de los egresados de la promoción 1978, hacen entrega de la placa que hará parte del "muro de la gratitud". Hernán López, Álvaro Henao y Elkin Saldarriaga.


Viernes , 6 de octubre de 2017, emotivo encuentro de egresados de la Institución Educativa Francisco José de Caldas.


Jaime Fernández Botero, de la promoción de bachilleres de 1970, autor de la presente reseña histórica del colegio.



Bibliografía: Historia de Santa Rosa de Cabal, del historiador, líder cívico  y profesor del colegio, Don Enrique Valencia, R.
Síntesis historial del Colegio Nacional Francisco José de Caldas, publicado por el entonces alumno de sexto año Joel López Duque en los Anales del Colegio 1947 – 1962.
La Civilización Cafetera, de Jaime Fernández Botero, publicada en Alemania por la Editorial Académica Española.

    








    

jueves, 14 de septiembre de 2017

Historia del Verraco de Guacas-


De acuerdo con la tradición, la leyenda del Verraco de Guacas, la originó un cerdo salvaje, con destellos flamíferos en sus ojos que irrumpía furtívamente en la zona rural  de Heliconia, Antioquia, cuyo nombre inicial era "Guaca"  y después de demostrar sus aptitudes de semental robándose el corazón de las "puerquitas" desaparecía sin dejar rastro en la espesura. Otro municipio, La Tebaida, en el Quindío, también reclama la propiedad de la famosa leyenda: José Jaramillo Mejía, en su "Antología de crónicas costumbristas" nos cuenta al respecto lo siguiente: " cerca de la población en la finca "La Anopaima" tenía don Miguel Henao un marrano reproductor que servía a las marranitas de los alrededores que estaban en condiciones de merecer. Cuando el finquero observaba que una marranita empezaba a contonearse y remenearse como mecedor en paila, decía a uno de sus hijos: "mijo, llévele esa marrana al verraco de La Tebaida. Así fue como hizo carrera la expresión : por eso,  cuando uno de mis paisanos, un montañero bien arrevolverado, se tomaba unos aguardientes estrenando muda dominguera, con paquete de Chester en el bolsillo de la camisa transparente, mechón sobre la frente y sombrero a la pedrada, llegaba donde las "mijas" y golpeando una mesa exclamaba: a ver mijitas que llegó el Verraco de La Tebaida."

Hermoso templete de Guacas


 Los colonos antioqueños que forjaron nuestra Civilización Cafetera, llegaron  con el recuerdo de sus leyendas , historias y la toponimia de su tierra ancestral y una vez posesionados de su nueva heredad, reinterpretaron sus leyendas matizándolas con las particularidades de la región y evocaron  la toponimia de los lugares que habían dejado bautizando con sus expresivos nombres los lugares, fracciones, partidos y veredas que materializaban el sueño de ser, "después de Dios, dueños de sus propios destinos", propietarios de sus querencias. Por eso, expresiones como "La linda", "El Tablazo", "Santa Bárbara" y muchas otras son comunes en el Eje Cafetero y en Antioquia y no es extraño  que ambas regiones compartan los aspectos esenciales de múltiples leyendas propias del pensamiento mágico de una estirpe desprendida de un tronco común.

Dejemos a un lado, el mito impersonal e incorpóreo y auscultemos el Verraco de Guacas de nuestra región, el real , el hombre de carne y hueso que la imaginación popular convirtió en leyenda.

Camino del Privilegio, sector de San Julián en Villamaría, este tramo aún conserva su autenticidad y debe ser preservado declarándolo Patrimonio ambiental y cultural .


A partir de 1856, se empezó a construir el Camino del Privilegio, con la activa participación de del empresario Félix De La Abadía y los habitantes de Santa Rosa y Villamaría. Esta ruta, constituyó el Camino Real que comunicó a Cartago, en la Provincia del Cauca con Manizales en Antioquia. Este camino, la obra más importante del Estado Soberano del Cauca en el siglo XIX, salía de Villamaría, cruzaba el río Claro, San Julián, Alto del Yarumo, Santa Bárbara y Las Guacas en Santa Rosa, y en la jurisdicción de Dosquebradas ascendía al Alto de Oso; montaña casi siempre cubierta por fantasmal bruma y donde viajeros y arrieros debían apelar a su mejor y más excelso repertorio de madrazos e insultos para asaetear a las mulas y evitar que el fango las devorara con mercancía y todo, bordeaba "Las Marcadas y llegaba a Cartago. Pero en el Alto de las Guacas, aparte de las difíciles condiciones del terreno , algunos viajeros debían sortear otro obstáculo: el dasafío del guapetón Abel Marín Chica el Verraco de Guacas, quien haciendo valer su territorialidad en 1888, revoloteaba en cuadro, sacando con su machete chispas al empedrado, confiado en la invulnerabilidad que le daba su "parada secreta", la uña de la gram bestia y la piedra de ara incrustada en una de sus manos, efectivas para contrarrestar los ataques del rival. Abel Marín Chica, era lo que en el argot de la época se conocía como "jubilado", experto en las artes del manejo del machete y no perdía oportunidad de demostrarlo y ante la menor provocación esgrimía un variado repertorio de mandobles, esguinces, amagues, acometidas, paradas secretas y " falsos" , solo conocidas por unos pocos iniciados en la disciplian de la esgrima.



Escultura conmemorativa del paso de Tomás Cipriano de Mosquera por el Camino del Privilegio y su batalla en Guacas.


Cuando sus bravuconadas encontraban interlocutor, se trenzaba con éste en dura lid. En el fragor del combate, los jadeantes rivales se acometían y cruzaban sus relampagueantes machetes , tornados en flamíferas cimitarras con sus violentas arremitidas. Siempre vencía, decía la tradición; por eso, era el samurai de la región. Esta conducta, hiperactiva, sanguínea e impulsiva que alteraba la calma parroquial , no podía ser ignorada , pues el alcalde de la época tenía un férreo control de sus ciudadanos y ante el menor brote de enfrentamiento obligaba a los rivales a firmar La fianza para guardar la paz, institución que en la época guardaba el orden obligando a todo aquel que se mostrara los dientes con otro vecino a presentarse con un fiador en la casa consistorial. La queja de un viajero refiriendo que en el Alto de Guacas, Abel Marín "permanece con su peinilla, desafiando a los transeúntes" hizo que fuera conminado a presentarse con un fiador que debía garantizar con sus bienes el buen comportamiento del personaje. Sin embargo, esta interesante figura jurídica que mucho influyó para mantener en calma a nuestra ciudad, poco sirvió para atemperar su febril temperamento de gladiador, pues en 1895, fue puesto preso, presumiblemente y ante las reincidencias en sus hostiles actos, no encontró quien sirviera de fiador y cuando esto ocurría, debía responder en forma personal por la alteración del orden social.



Vivienda en Guacas , que conserva los rasgos arquitectónicos de la Colonización Antioqueña y que hoy va desapareciendo, a pesar de ser declarada nuestra región Patrimonio de la Humanidad por sus características, agrícolas, sociales , arquitectónicas y por su valor excepcional y único en el mundo, cuyos atributos deben protegerse.


La realidad mata las imágenes que el tiempo ha depurado e idealizado y aunque parece que el Verraco de Guacas estaba muy lejos de ser el romántico y noble caballero del machete que la imaginación popular forjó, la vereda de Guacas tiene su leyenda y con su hermoso templete, donde palpita el corazón de la gente del campo, las huellas del histórico camino por donde pasó en 1860, otro díscolo guerrero, Tomás Cipriano de Mosquera, lo convierten en un hermoso y significativo sitio turístico digno de ser visitado por propios y extraños.

Don Heriberto Gil, prestante hombre cívico de la vereda, quien durante
más de cuarenta años, se desempeñó como funcionario de la Inspección,
representa, en una de las muchas veladas de la comunidad, re
presenta el papel del Verraco de Guacas.


Texto extractado de mi libro, Historias y leyendas de Santa Rosa de Cabal . Jaime Fernández Botero       

sábado, 26 de agosto de 2017

El Colegio Labouré emblema educativo nacional.



La humanidad tuvo siempre una deuda con la mujer y este prontuario también ensombrece nuestra historia. Desde los albores de la fundación de Cabal, se empieza a construir la escuela de varones, financiada con los peajes que pagaban viajeros y comerciantes por cruzar el puente sobre el río Otún, erigido expresamente por la comunidad para sufragar los gastos de la educación de los hombres. Pero las niñas eran convidadas de piedra en el proceso de formación de la juventud y cuando un preceptor visionario e incluyente, admitía una o varias niñas en el establecimiento, era amonestado por el alcalde y la junta escolar e instado a retirarlas sin apelación alguna. Mientras tanto, recibían la “instrucción propia de su sexo”, en casas adaptadas como escuelitas privadas hasta las postrimerías del siglo XIX.


Escuela San Vicente a principio del siglo XX.


 La deuda social que la ciudad tuvo al respecto empieza a cancelarse a partir de 1897 cuando la comunidad, inspirada en la frase de Benito Juárez :” si educas a una mujer, educarás a un pueblo”, aboca con entusiasmo y decisión la empresa de construir una escuela oficial para niñas con el apoyo de un grupo de religiosas de la comunidad Vicentina, llegadas de Francia. El recorrido de las abnegadas Hermanas, encabezadas  por sor María Molanoff, fue una aventura épica para la época, pues debieron cruzar el Atlántico, embarcarse por el Magdalena en un viaje plagado de peligros, expuestas a las inclemencias de un clima malsano infestado de nubes de zancudos y mosquitos, verdadero caldo de cultivo para las enfermedades tropicales y luego, emprender el ascenso a nuestras montañas andinas cabalgando al filo de la navaja en ariscas acémilas, vestidas con sus complejos e incómodos hábitos, por riscos, abismos, tragadales y escuchando, tal vez con gesto comprensivo, las imprecaciones, madrazos e insultos de los arrieros  asaeteando a las mulas para que no quedaran atrapadas en los voraces lodazales del camino. El trascendental momento histórico tuvo un episodio emocionante, cuando todas las mujeres de la ciudad hicieron su aporte en dinero o en especie para financiar el edificio proyectado,  marcando el despertar  de la conciencia de los derechos femeninos y el trascendental rol de la mujer en una sociedad que hasta entonces la había relegado a segundos planos: se abrió “el libro de mandas y donativos de las señoras y señoritas para la construcción del edificio escolar”. Del libro referido, relacionamos algunos de los aportes: “ María Cármen Buitrago, colaboró con una tapia, su valor un peso con ochenta centavos; María Jesús Bedoya, dos pesos; Bárbara Buitrago, diez pesos; Leonora Buitrago, dos tapias, tres pesos con sesenta centavos; María Botero un peso; María Clara de Hoyos, cuarenta centavos; Rosalba Buitrago, una gallina, valorada por los peritos en cincuenta centavos; Luisa Buriticá,  dos tapias; Ana María Cuervo, veinte centavos; María Cármen Hoyos, un pollo equivalente a cuarenta centavos y María Rosario Henao, una gallina. La lista es extensa y oscilaba entre veinte centavos y cuatro pesos; eran excepcionales las de un precio mayor. La escuela San Vicente se diseñó usando las técnicas constructivas de tapia y bahareque características de la Colonización Antioqueña. Con el tiempo, como lo pretendieron sus gestores, y para darle continuidad al encomiable proyecto educativo, funcionó simultáneamente con el colegio Labouré en dos plantas  dirigidas también por la comunidad  Vicentina.

 
Colegio Labouré, relicario de valores culturales de la región cafetera.



La disciplina, el rigor académico y el compromiso de las educadoras y educadores de ayer y de hoy, convirtieron al establecimiento en uno de los más representativos y con más prestigio en la región y fue perfilando, con el concurso de La Escuela Apostólica, El Colegio de Jesús y otros establecimientos creados después, el carácter de Ciudad Educadora que identificó a la Ciudad Modelo, como la llamó  el Presidente Marco Fidel Suárez.



Sor Alicia Domínguez, benemérita religiosa , quien con el coro del Colegio grabó ocho discos de vinilo o acetato como los conocía la gente, en una época donde eran excepcionales en nuestro medio iniciativas de esta naturaleza.


Los santarrosanos tienen con el colegio Labouré, una fuerte conexión espiritual:  su esencia nos impregna cuando escuchábamos a nuestras madres y abuelas entonar con sentimiento la marsellesa; al recordar a las prestigiosas educadoras formadas en sus claustros, quienes además de moldear el alma de sus alumnos, asumieron el rol de líderes políticos en su condición de ediles o dirigiendo los destinos de la ciudad, como Inés León Valencia, mi maestra de primeras letras, dos veces alcaldesa de nuestro terruño, y  otras damas destacadas en múltiples campos del saber; ellas encarnaron el sueño de aquellos que lucharon por la construcción de la escuela en el siglo XIX: darle a la mujer la formación para tener un lugar protagónico en la sociedad. Su edificio, además, hace parte de los atributos del Paisaje Cultural Cafetero, declarado por la UNESCO Patrimonio de la humanidad; restaurado le devolverá a Santa Rosa un símbolo como la Casa de la Cultura de Marsella,  reforzando así el significado emocional que ha tenido para nuestra gente.
  


En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, cuando París fue liberada del yugo Alemán la población del país Galo se volcó a las calles celebrando la trascendental noticia, paradógicamente Santa Rosa también celebró el hecho con alegría y organizó un desfile por las principales calles de la ciudad cantando la marsellesa cuyos acordes interpretaba la Banda Municipal. Todo por el vínculo espiritual de Santa Rosa con Francia, a través del valioso aporte de la comunidad Vicentina a la ciudad.


Basados en las palabras del ilustre jurista, doctor Carlos Enrique Marín Vélez, aludiendo al Palacio Nacional en Pereira, podemos decir El Colegio Labouré tiene un inmenso significado moral e institucional: muchas páginas de nuestra historia se han escrito en sus claustros.   



          

sábado, 29 de julio de 2017

Santa Rosa de C. y sus manifestaciones culturales.



Ponencia presentada por el autor del presente blog, en el tercer encuentro de historiadores del departamento celebrado en Marsella, Risaralda, el 14 de julio de 2017.

El diccionario define la expresión CULTURA como el resultado de cultivar los conocimientos humanos, materiales e inmateriales de que cada sociedad dispone para relacionarse con el medio y establecer formas de comunicación entre los propios individuos o grupos de individuos. A pesar de  las definiciones, podemos decir que cultura en los pueblos está inmersa en todas las actividades  de la comunidad y podemos afirmar que la expresión como tal es inasible, esquiva y resbalosa para encerrarla en una definición restrictiva, pues “el viento no se puede enjaular.” 

Alguna vez, en un encuentro literario los participantes consumieron el primer día del evento buscando descifrar la referida palabra, sin que al final de la jornada surgiera una fórmula precisa que dejara a los participantes satisfechos. Al día siguiente, para evitar que nuestra retórica rabulesca, volviera a enfrascarse en discusiones bizantinas, un miembro de una de nuestras comunidades indígenas, que no había hablado el día anterior tomó la palabra y con la dignidad de quien no está contaminado por falaces teorías “modernas” expresó : en mi pueblo , no existe la palabra cultura, porque está inmersa en toda nuestra cotidianidad: en el río, la quebrada, el morichal, las aves, nuestros cantos, los tejidos, en os múltiples rostros de la naturaleza, nuestros bohíos y formas expresivas, la palabra cultura es inmanente a nuestra esencia y como los HECHOS NOTORIOS que no necesitan demostración tampoco es menester describirla.

Plaza de Colón, Santa Rosa, día de feria.


Bajo estas circunstancias podemos abordar la cultura en Santa Rosa y decimos que como todo pueblo nacido en el seno de la Colonización signados por el trabajo colectivo y gratuito, las actividades más relevantes en este sentido procedían inicialmente de “las fiestas y regocijos públicos” generalmente los festejos Patrios realizadas con vistosos y solemnes desfiles y discursos acompañados con concursos literarios, poéticos y otras manifestaciones de las bellas artes. Por ejemplo de  mi libro Santas, Mozas y Mujeres Públicas “ extracto alusivo a lo planteado .”La antigua Cabal era en 1883, una pequeña aldea, ubicada al norte del Estado del Cauca y aunque aún persistían las cicatrices y la polarización ideológica de la población generadas durante las dos últimas guerras, la población seguía adelante, con las actividades que propiciaban cohesión social como los actos cívicos y patrios honrando a los héroes de la independencia. El 24 de junio se celebra el centenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar con la participación entusiasta de toda la comunidad: la alborada abría los fastos y continuaban a las diez de la mañana con la misa en “la Iglesia Matriz” y la asistencia de todos los empleados, alumnos, profesores y población en general. A las doce del día se iniciaron los actos literarios donde los niños declamaban, representaban sainetes o leían composiciones alusivas a la conmemoración, bajo la solemne y atenta mirada a una junta compuesta por directores de los establecimientos y el inspector local de educación ; el jurado evaluaba a los párvulos y seleccionaba a los más destacados para ser premiados en las horas de la noche , como cierre de la jornada. A las tres de la tarde, se efectuaba el paseo cívico o desfile por las calles y carreras de la ciudad, encabezado por el alcalde Heliodoro Arbeláez. Los vecinos, interpretando el querer del burgomaestre, participaban en el evento “con la mayor solemnidad “.


Banda municipal de música.


La Banda Municipal. El acerbo cultural del municipio se vio enriquecido cuando a partir de 1915 se creó la Banda de Música; a partir de la mencionada fecha estuvo ligada a todas las conmemoraciones cívicas, religiosas y patrias. Un profesor se encargó de instruir a los alumnos en el misterioso mundo de los bemoles, arpegios, corcheas, verdaderos símbolos criptográficos para los jóvenes de entonces. No hubo requisitos especiales para la admisión, aunque sí se firmaba un contrato para garantizar la estabilidad del grupo y como se consideraba que la música , aparte de enaltecer el alma, tenía efectos  resocializadores, invitaron a participar en el proyecto a dos de los integrantes de una familia, adicta a sustraerse los bienes ajenos, especialmente, las aves de corral, hecho que la población con sorna había testimoniado en un verso de dominio público que decía:


Sale la luna, 
sale el lucero
sale Juan G. 
para el gallinero.
  

Sin embargo y pesar de las buenas intenciones de las autoridades, la música no sirvió para encaminar por la senda del respeto de los bienes ajenos a la referida familia, pues padre e hijo, desaparecieron de un momento a otro, claro está, llevándose los instrumentos.


1927, Colombia libre y Colombia esclava, una de las carrozas participantes en el desfile conmemorativo del 20 de Julio. Ambientada, claro está por la Banda de música municipal.


Julio 20 de 1930,  después del desfile las autoridades civiles, políticas y eclesiásticas posan en la antigua iglesia parroquial, donde se destaca, el reloj que hoy se encuentra en una de las torres de la Basílica Menor.


A pesar del contratiempo inicial, la retreta se convirtió para  los santarrosanos en toda una institución y una fuente inagotable de sorpresas y emociones donde descubríamos con estupor como el anónimo sastre, el humilde zapatero y aquel insensible peluquero que con su vieja y oxidada máquina, poco antes nos había arrancado fragmentos de cuero cabelludo, asumían otra identidad, y como héroes de aventuras se enfundaban en un elegante uniforme azul y se transformaban en virtuosos magos que guiados por partituras llenas de misteriosos signos, arrancaban con sus manos de obreros melodiosas notas a sus instrumentos.

En esa época los prejuicios imperantes erigían un infranqueable muro que dificultaba  el trato entre los adolescentes, pues en algunas personas existía la convicción que la joven corría el peligro de quedar embarazada, aún con un simple saludo de manos; por tal motivo, ante la imposibilidad de burlar el rígido cerco de la vigilancia paterna, la retreta sirvió como amable pretexto  para el ansiado encuentro y mientras los severos y austeros padres se extasiaban en las vibrantes notas musicales, los jóvenes intercambiaban significativas miradas creando un código propio de señales formado por gestos, mohines y guiños que les servía de arrobadora comunicación, sólo interrumpida por un discreto codazo de la madre cuando la niña se entusiasmaba más de la cuenta en el mudo diálogo de su príncipe azul.

En 1944, cuando agonizaba la bárbara y cruenta Segunda Mundial, lo santarrosanos que desde finales del siglo XIX  tenían una fuerte conexión emocional con los Franceses, gracias a la comunidad Vicentina, celebraron con emoción la liberación por parte de los aliados del gran país Galo organizando un gran desfile hacia las instalaciones de la Escuela Apostólica; la marcha la encabezaba la banda municipal , interpretando los acordes de la Marsellesa, mientras la población cantaba emocionada los inmortales versos: allons enfants de la patrie le jour de gloire est arrivé¡       

Viaducto de La Hermosa.



En 1925, la inauguración del ferrocarril se realizó con fuegos florales, concursos de poesía  y de historia cuyo primer premio fue otorgado al Sacerdote Diego María Gomez con sus Apuntaciones Críticas para la historia de Santa Rosa. Lo mismo se hizo en la celebración de los cien años de la muerte del Libertador donde además de los referidos concursos se efectuaron actividades deportivas y una curiosa muestra de la esencia de la época llamado “aprovechamiento de lo inútil” convirtiendo lo inservible en elementos aprovechables como 
las colchas hechas de retazos, cuyos colores y formas le daban a los cuartos de nuestras abuelas, pudientes o no una pincelada de alegría y colorido.

La agricultura era la principal fuente de ingresos en el pueblo en 1905, y para diversificar las fuentes rentísticas y empleo, se mandó a traer un detenido de la cárcel de Popayán, experto en telares, quien se encargó de sembrar la semilla de ésta modalidad de artesanía que hoy es en la ciudad una de sus actividades más representativas, uno de  los concejales, se comprometió mediante fianza a garantizar los gastos de la captura del reo, si éste aprovechando la coyuntura se evadiera ; simultáneamente, se trajeron copas y entrecopas para la enseñanza de los sombreros, que en 1911 era una próspera industria; el camino del Madroño, que iba hasta Ibagué se construyó buscando mejores alternativas comerciales para los nuevos productos.


Curva de las Brujas, camino del Madroño, ruta hacia Ibagué.


A partir de 1910, los sacerdotes de la Escuela Apostólica, fomentaron, después de traer el pasto micay, la ganadería  y en 1911  aparecen las trilladoras, dinamizando el empleo e  iniciando con fuerza la cultura cafetera, con el frondoso arábigo, el sombrío que además de facilitar un cultivo sin excesos de químicos, venenos y fungicidas por el control biológico que la biodiversidad generaba, brindaba un maravilloso nicho ecológico que albergaba aves, marsupiales, mamíferos y especies como el armadillo y otras exponentes de nuestra atormentada fauna. La vivienda, producto de una herencia española, reinterpretada con los materiales de la región, con extensos corredores y grandes aleros incorporadas al paisaje como un armónico complemento empezaban a darle forma, con los mitos y leyendas del pensamiento mágico, al Paisaje Cultural Cafetero que años después sería declarado por su carácter de excepcional Patrimonio Cultural Cafetero, a pesar que en el siglo XX, años setenta, buscando mayor producción por hectárea, se arrasó con el sombrío infringiéndose al entorno una herida mortal , cavando el hábitat de aves , insectos, fuentes de agua, árboles, mamíferos y un patrimonio intangible materializado en saberes acumulados como los ciclos de la luna para siembras y cosechas, leyendas y mitos trasmitidos de generación en generación en cocinas iluminadas por el fogón de leña y animado por el chisporreteo de las brasas.




Paisaje cefetero, vereda Colmenas.


Periódicamente, en las primeras décadas del siglo XX, compañías de artistas reunían a la `población con un espectáculo de variedades que incluían en 1910, Oberturas interpretadas por bandas de postín, sainetes como el soldado recluta, contorsionistas, equilibristas y actos de malabares a caballo, sin excluir al gran clown de la época Antoñito , quien “hacía las delicias del público”.

Durante el siglo XX, las fiestas patrias unieron a la población en torno a los ideales de nación, los desfiles, resultado de los numerosos centros estudiantiles se constituyeron en “el traje de gala de la ciudad” y causaron admiración en propios y extraños, uno de ellos Jorge Eliécer Gaitán, cuando siendo Ministro de Educación visitó a la ciudad en 1940; las bandas marciales, luego transformadas en rítmicas, animaban el evento; cohesionaban también a los habitantes de la ciudad los juegos deportivos municipales y las exposiciones agrícolas, industriales y artísticas donde participaban desde el hacendado más opulento con sus imponentes equinos hasta las sencillas abuelas  con sus hermosos bordados, una refinada tradición hoy borrada de nuestra memoria colectiva. Todos exhibían en sus casas orgullosos los diplomas de participación. En los colegios, con sus actividades extracurriculares se seguían impartiendo , después del horario escolar, clases de guitarra, teatro, fútbol, canto y artes manuales y en los Centros literarios, el alumno exponía, sin ningún apremio ni amenaza sus aptitudes como canto, exposiciones, sainetes, declamación..etc.

1940, visita del doctor Jorge Eliécer Gaitán a Santa Rosa de Cabal.



Los juegos deportivos municipales como los de 1937, agrupaban y fomentaban el sentido de pertenencia, inspirados en la expresión : "Mente sana en cuerpo sano" incorporando vistosos y festivos condimentos sociales como reinas, saludadas reverentemente por los oradores parroquiales en su coronación, como Su majestad; desfiles, competencias deportivas. Era toda una fiesta de exaltación colectiva, en la que participaban hasta los bebés, pues se elegía el niño más sano, y rubicundo,"el bebé maicena", concurso estimulado entonces por la referida fécula.

Los principios del Varón Pierre de Coubertain: lo importante, no es ganar, lo importante es competir", tuvieron siempre vigencia en la ciudad, replicados y fomentados por los educadores, verdaderos cruzados y apóstoles de la formación espiritual y física de la juventud como el recordado profesor Jorge Orozco.
1937, juegos deportivos municipales.





1937, Olimpiadas Municipales, la  reina del certamen, Mery , hace el saque de honor en el partido de fútbol entre el Patria y el Once, en la cancha de Patiobonito.


No fueron pocos los frutos de estas valiosas políticas institucionales, entre los que sobresalen deportistas como el ciclista Alvaro Mejía, con un valioso palmarés a nivel nacional e internacional, cuarto en el tour de Francia, en una época en la que se decía que en la vuelta al país galo no habían ganadores, sino sobrevivientes por su exigente recorrido, extenuantes etapas y poco descanso y el famoso director técnico Juan Carlos Osorio, un innovador y referente del fútbol en el plano nacional y continental.       



Alvaro Mejía, "El Cometa"




Profesor Jaun Carlos Osorio, D,T. del seleccionado nacional de Méjico.


En casi todos estos eventos, se avivaba la llama del amor por la patria con un condimento de emotividad, fervor y cohesión social con el juramento, tomado por lo general por uno de los alumnos distinguidos a manera de reconocimiento cuyo textos era el siguiente: " jurais por Dios, fidelidad a mi bandera y a mi Patria, Colombia, la cual es símbolo de una nación soberana e indivisible, regida por principios de libertad, orden y justicia para todos ? ¡Sí juro¡, respondía la multitud, con un estentóreo rugido. Después, el interlocutor, terminaba diciendo:" ..si así lo hicieres, que Dios y la Patria os lo premien, o si no que Él o Ella os lo demanden."   

En los eventos, cívicos deportivos, el juramento a la bandera tenía un profundo significado, generando compromiso, cohesión social y sentido de pertenencia.


Por lo general el periodismo tuvo valiosos cultores durante todo el siglo XX, agitando ideas, promoviendo altruistas causas y propiciando el debate ideológico. Periódicos como el civismo animaron valiosos procesos sociales, sin que faltara los enfrentamientos acres como el suscitado en 1915 cuando la joven escritora Blanca Isaza se burló de los versos de Pedro Eduardo Botero, un interesante personaje, arriero de profesión  y director del periódico El Cóndor” desatando su furia cubriendo de imprecaciones al juez del Circuito, padre de la precoz escritora; otro periódico, el “chapola”, defendió al funcionario y su hija, creando en Santa Rosa una verdadera “lucha de clases” y una fuerte tensión social que fue sofocada casi por las vías  de hecho en detrimento del contestatario arriero, quien era en su época un verdadero dinamizador intelectual y  agitador de ideas pues cuando salía con sus recuas llevaba en el hatillo ejemplares del “Condor” para ser entregada en los pueblos por donde trasegaba y a vez recibía las gacetas publicadas en estas poblaciones. Esta disciplina tuvo en Santa Rosa su máximo exponente con Orlando Sierra, el valiente subdirector de la Patria quien no concilio con la corrupción y desnudó con su pluma a aquellos que saquearon el patrimonio público, sus escritos en Punto de Encuentro, fueron en su momento crónicas de una muerte anunciada como lo expresó en una de ellas al decir : “Pienso, luego : ¡pum¡



Orlando Sierra, uno de los grandes periodistas de Colombia, inmolado en defensa de la verdad .
Muchos fueron los periódicos que se editaron en Santa Rosa; hoy El Faro continúa la valiosa tradición periodística de la ciudad . 


Un país laico y con libertad de cultos como al actual, no obsta para decir y reconocer que en su momento la religión tuvo una fuerte influencia : las fiestas de Corpus, celebradas desde sus albores desde 1853, las Semanas Santas, multitudinarias, las fiestas de San Isidro y las advocaciones marianas que unían a los habitantes del campo con los de la ciudad, las misiones del Padre Estrada, legendario sacerdote,  en el Español y su admirable entusiasmo para integrar lo espiritual con lo pagano como las carreras de caballos, varas de premio sin que la mezcla de agua bendita con aguardiente lo escandalizara. Monseñor Augusto Trujillo Arango, es el representante del clero más destacado de la ciudad, durante 45 años, fue el orador sagrado más importante de Colombia y su Sermón de las Siete Palabras tuvo por Caracol , en su momento la mayor audiencia del País. Su secreto para ser escuchado por creyentes y agnóstico radicaba en que sin dejar de ser un orientador espiritual, era un brillante historiador que interpretaba el momento que vívía el país.      

Monseñor Augusto Trujillo Arango, en su momento el orador sagrado más importante de Colombia.







Hoy, hay nuevas realidades, no hay sombrío en el café, pero se busca incursionar en la modalidad de cafés especiales con las “calles del café”; el chorizo y su record mundial tiene hoy un lugar en la gastronomía del país y un día en el año para su degustación; la poesía aún se sigue cultivando todos los primeros miércoles del mes en el parque del machete y  la casa de la Cultura, fundada en 1950, tiene en su grupo de danzas una exquisita forma de recrear los aires nacionales; una nueva generación de jóvenes pintores irrumpe con fuerza en el panorama nacional, en donde le maestro Leonel Ortiz, brilla con luz propia; la biodiversidad la fauna y la flora  están peligro de extinción por la indiferencia oficial y el avance de la iniciativa privada. 

Escribiendo estas notas, veo admirado, pero consternado las imágenes de una danta, deambulando por una de las carreteras de las pisos térmicos altos de la ciudad, sublime imagen; pero servirá para despertar conciencias y presionar por generar un plan de contingencia para proteger estas especies, los monos aulladores y en general la flora y la fauna cuya magnificencia hizo creer a los españoles que habían llegado al paraíso terrenal? Las bondades de la declaratoria por parte de la UNESCO de Patrimonio Cultural de la Humanidad , no ha llegado al campo, sus casas se están cambiando por moles de cemento, los santuarios indígenas y los caminos, borrados por concesiones madereras o servidumbres energéticas ; veredas como el Español, que aún conservan la esencia de nuestra cultura, languidecen, sin renuevo generacional con nuevos propietarios sin arraigo que arrasan lo auténtico  poblando con “chalets” las laderas y montañas en cuya topografía algún día lucieron en armoniosa adaptación las casas de bahareque, antes de que nos avergonzáramos de ellas y las asociáramos con pobreza y catalogáramos como nido de bichos y roedores.

¿Siquiera se murieron los abuelos?