domingo, 3 de enero de 2016

La Novia de los Primates



La británica JANE GOODALL conocida como la novia de los primates, célebre por sus estudios sobre la referida especie y valerosa activista en la preservación de los bosques nativos, visitó al país hace un tiempo en su condición de mensajera de paz de la ONU. La famosa naturalista, una de las expertas en comportamiento animal más importantes de la historia, desnudó la cruda realidad del país y del llamado Tercer Mundo por la venta de los recursos naturales a las multinacionales y sus devastadores efectos sobre la flora y la vida silvestre. Con la serenidad y la legitimidad que le confieren sus 79 años y su vasta experiencia adquirida en la selvas africanas tratando de  evitar la extinción de los chimpancés acorralados por  la caza y destrucción de su hábitat, dejó su altruista mensaje a un auditorio que la escuchaba con reverencia:

 
Jane Goodall, "La Novia de los Primates"

“ Nos hemos olvidado de que hacemos parte de la naturaleza. El mundo moderno vive una realidad virtual, atravesada por la tecnología y los videojuegos, en la que es difícil que los humanos identifiquen la relación de bienestar que hay entre nosotros y los insectos o mamíferos que nos rodean. Los humanos nos hemos aislado. Siempre quise venir a Colombia. Antes era imposible porque nos decían que era un lugar peligroso; ahora me alegro de estar aquí. Sé que este país tiene muchos debates por dar. Colombia no es la única nación del continente que está vendiendo sus recursos a grandes multinacionales que terminarán destruyendo cientos de hectáreas de tierra. El dinero los ha vuelto locos. Lamento decirles a nuestros jóvenes que no pudimos hacer casi nada para detenerlos. Son ellos los que ahora tendrán que luchar” (El Espectador 1 de noviembre de 2013). 


Pero aunque su visita no pasó desapercibida en los medios y muchos funcionarios gubernamentales asistieron a su conferencia y posaron con la gallarda mujer, sus palabras se las llevó el viento y su presencia no pasó de ser una reseña periodística y la confirmación de la personalidad dual del Estado Colombiano que a través de los medios pregona el discurso de la conservación, pero subordina la defensa del patrimonio ambiental y cultural al paso de las devastadoras locomotoras que “impulsan” a un costo muy alto el progreso del país.


Producto del doloroso proceso quedan en las partes altas de Santa Rosa  tropillas de monos aulladores atrapados en reducidas porciones de bosque nativo, que día a día ven reducido su hábitat o mueren electrocutados en cuerdas de alta tensión  erigidas sin consultar con las autoridades locales, sin  tener derecho a un lugar bajo el sol y condenados irremediablemente a la extinción por nuestra terrible  indiferencia, refrendando la lapidaria frase de la novia de los primates: “el dinero nos ha desquiciado”. 

no podemos abandonar a su suerte a los monos aulladores, perezosos, perros de monte, armadillos y en general toda la fauna silvestre. (foto Carlos Enrique Ruiz, naturalista y artista.),

Contrario a la visión pesimista de quienes afirman que el daño es irreversible,  que aún es posible evitar la extinción de los monos aulladores de Santa Rosa y para ello sería necesario la ejecución de una cruzada de salvamento, coordinado por el alcalde de la ciudad y con la participación de la gobernación, la Carder y las empresas que también han mostrado su disposición al diálogo y la concertación cuando han sido requeridas por las autoridades. Un proyecto serio inspirado en el desagravio a la naturaleza debía tener un fundamento legal como los  Planes de Desarrollo y Ordenamiento Territorial y el apoyo de  las organizaciones no gubernamentales del país y hasta del extranjero que permita la adquisición de tierras para extender el agónico hábitat, generar corredores o cinturones verdes para facilitar el desplazamiento de los primates y las especies silvestres, ofreciendo estímulos tributarios  a los propietarios que posean en sus parcelas relictos boscosos y sobre todo generar en la población un genuino interés por estos maravillosos seres y sus apacibles hábitos de vida como garantía para preservar la herencia ambiental, porque nadie protege lo que no conoce.


No son sueños de poetas, ni de idealistas, ni de ilusos sin firme arraigo en la realidad, son sueños de pragmáticos. Tal vez, si rectificamos nuestra actitud indiferente, algún día podremos mirar a los niños y a las nuevas generaciones de frente.                
        









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