lunes, 7 de marzo de 2016

La inolvidable gesta de Enrique Jaramillo Rincón.





Su momento más glorioso, cuando se coronó campeón nacional en el velódromo de Cali, representando los colores de nuestro departamento.

Salvo las sufridas participaciones de Uriel Santa y Jaime Ospina, luchando con más coraje que éxito  contra los grandes del ciclismo en la vuelta a Colombia, Santa Rosa Rosa no había tenido un deportista que ocupara las primeras planas de los grandes periódicos del país y en general de todos los medios de comunicación de Colombia como Enrique Jaramillo Rincón. Todos coincidían en que el joven de 19 años, sería el sucesor del héroe nacional Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y aseguraron que el record en los cuatro mil metros persecución individual en poder del ídolo nacional pronto sería pulverizado por la nueva promesa del ciclismo que deslumbró con su triunfo en los tres mil metros persecución individual en el velódromo de Cali en 1972. Según uno de los medios de la época, “Jaramillo, saltó como liebre y derrotó a Rafael Narváez ante la mirada expectante del público y los dirigentes que no conocían las capacidades de este ciclista para desempeñarse en la fabulosa pista de madera, en el óvalo del velódromo local, considerado como uno de los más veloces del mundo.” Su gesta y su perfil atlético “de buena estatura, un envidiable estado físico, unas piernas de hierro y su impresionante estampa de campeón” le significaron la inclusión en la selección de ciclismo en pista que competiría en los juegos olímpicos de Munich, Alemania. Su entrenador Claudio Costa afirmó: “Jaramillo puede ser campeón del mundo , dejó sin opción a los grandes pisteros colombianos” y la revista en su género  más leída en el país, “Vea Deportes”, iniciaba un extenso reportaje pródiga en imágenes con las siguientes palabras:” Ha surgido un nuevo prospecto del ciclismo colombiano, integrante de la selección olímpica de pista que competirá en Munich, este muchacho de 19 años de edad, tiene un estilo elegante, técnico y muy cotizado para llegar a suceder al bicampeón mundial Martín Emilio “Cochise” Rodríguez.”


Enrique Jaramillo R.


Enrique, con Rubén Darío Gómez, gloria del ciclismo nacional y el entrenador nacional de ciclismo, Hernán Mesa.




"Será Enrique Jaramillo, el sucesor de Cochise?. Así titulaba la revista Vea Deportes, la más importante en su género en el país, un reportaje con  el entonces campeón.


Su gesta lo convirtió en figura nacional.





Un pequeño admirador, luciendo orgulloso la medalla del campeón ¿Quién será?, se convertiría después en u no de los escarabajos que deslumbraron a Europa?




 
Su buena estatura, un envidiable estado físico, unas piernas de hierro y su impresionante estampa de campeón, le valieron  el reconocimiento de la élite del ciclismo nacional.


Enrique, compañero de infancia, juegos, “gorros” y aventuras de quienes vivimos en el sector de “La Cueva”, fue hijo de don Eduardo Jaramillo y doña Concha Rincón; como todos los niños de la época, el primer contacto con el caballito de acero lo tuvo en la agencia de alquiler de bicicletas del “General”, un personaje de grandes mostachos, bonachón y comprensivo cuando los niños se entusiasmaban más de la cuenta montando en la “marranita” o “la gacela” y rebasaban el tiempo estipulado de media hora o una hora de alquiler. Luego, cuando su padre próspero comerciante le obsequió su primera bicicleta, empezó a demostrar  a nivel departamental todos los méritos que reconocerían después los protagonistas del deporte de las bielas. Compitió en la Vuelta de la Juventud, representando a Risaralda y su biotipo lo llevó a obtener grandes triunfos en las pistas del país, siendo el más importante  a nivel nacional en los tres mil metros persecución individual en 1972, en Cali que llenó de orgullo a los santarrosanos, porque por primera vez una figura local tenía reconocimiento nacional.



Su estrella brilló muy alto, pero su estela aunque fugaz, dejó impresa una profunda huella en nuestro pueblo y en todos los que compartimos con él los sueños de la infancia.


Época de estudiante en la Escuela Pedro José Rivera Mejía.


En el podium en una de sus competencias.




Fue nuestro sentido homenaje a un campeón.



 [JF1]Ea 

4 comentarios:

  1. Gracias Jaime!! Creo que en algún momento de la vida, somos golpeados por las nostalgias. Gracias de nuevo por rescatar de ese cuarto de San Alejo, memorias añejas, memorias que aunque los años hayan pasado, sobreviven aun. Claro que me lo imagino escarbando en viejas cajas, buscando confirmación grafica de esa plétora de memorias que has acumulado con el correr del tiempo. Eres sin lugar a dudas como un auténtico Indiana Jones, incansable buscador de mitopeyicas verdades ya a punto de desaparecer. Por qué? Nuestra vivencias de infancia y juventud no le importan a nadie; solo a nosotros. Claro que es fácil pensarlo; decirlo es mucho más complicado. Crecimos y fuimos parte de esa efervescente historia de Patio Bonito, de los partidos de futbol allí donde hoy es la Iglesia del Monte Carmelo, de los películas gratuitos de Coca Cola, de las ciudades de hierro, de las dedicatorias amplificadas por parlante, de los circos de Leones famélicos, de la Cueva del Caimán y de personajes como “El Tío” y “Gasolina”. Crecimos con la moda del Balero y aún recuerdo a Don Eduardo Jaramillo, padre de Enrique dejándonos Jugar con el balero. Recuerdo cuando yo iba a la tienda, y él me pasaba el Diccionario para que le buscara palabras y así resolver el crucigrama de Espectador. Fuimos parte de esa camada de muchachos, de esa “barra” o tal como dicen ahora de ese “Parche” del que fue parte Enrique, del que fue parte usted, sus hermanos Julián, José, Uberney Soto, Arley Montoya, Edison Ocampo, Los Rúas, Los Buitrago, del que fui parte yo. Qué pena Jaime, literalmente tengo un nudo en la garganta después de haber leído su justa reseña sobre Enrique y sobretodo estando tan lejos del terruño, qué hacer cuando el tiempo es largo y lo que nos queda es poco. Hace frio y de mis ojos ha empezado a llover. Abur! Abur! Amigo de siempre……como dijo El Maestro Leo Estepario ”Todo no vale nada, si el resto vale menos”

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    1. José Luis, cordial saludo. Bueno, acabas de refrescarme la memoria con tu precisa y nostálgica descripción de unos eventos y personajes muy significativos para "La barra de la cueva". Y cuando hablas de don Eduardo, recuerdo que tenía el libro "Mil y una respuestas para sus preguntas" o algo así escrito por el académico GIVIVE, Gilberto Vilegas, que cuidaba con gran celo y era objeto de nuestra admiración por considerarlo una verdadera fuente de sabiduría. Recuerdas que el autor del libro, fue atacado por una serpiente y en el país se organizó una cruzada para obtener a través de la red de radioaficionados, el remedio antiofídico; al final desde Brasil llegó la provincial y salvadora droga. Fue muy grato, leer tus evocaciones que complementan el artículo sobre Enrique y su gesta admirable.

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  2. Cordial saludo. Soy santarrosano, residenciado hace muchos años en el Quindío (por razones laborales). Fui conocedor directo de Enrique Jaramillo, compañero de estudio en el Instituto Industrial Nacional. Con el también compañero Alejandro Antonio Holguín Acosta, haciamos las veces de acompañantes auxiliares, en las competencias regionales. Don Eduardo y Doña Conchita, especiales personas. Lástima el final trágico de Enrique, pero viven los recuerdos de sus realizaciones en el deporte del pedal.

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  3. Héctor. Cordial saludo. Gracias por su comentario y la reivindicación de las grandes ejecutorias de nuestro amigo que abrió la senda para que años después la ciudad viera nacer uno de nuestros grandes embajadores deportivos en Colombia y el mundo: Álvaro Mejía.

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