martes, 25 de octubre de 2016

¿Con el título y sin el paisaje?



No con poca frecuencia, los colombianos tenemos el síndrome del Quijote: nos volvemos cuerdos antes de morirnos, cuando ya se ha cruzado el Rubicón y pocas opciones quedan de enderezar la marcha. El referido síndrome lo vivimos con la cultura cafetera: cuando después de malgastar bonanzas, aceptar sumisamente las imposiciones de los dómines del comercio internacional  ordenando la destrucción del sombrío con el fin perverso de intoxicarnos con sobredosis de venenos y pesticidas, desencadenando la destrucción de valiosos nichos ecológicos y el hábitat de hermosas especies de roedores, marsupiales, insectos y otros exponentes de la alucinante fauna tropical. Se extinguió el café con trinos de pájaros y con él  se arrasó  una cultura que veía en  su pensamiento mágico, poblado de patasolas, fantasmas, madremontes  otros endriagos su propia cosmogonía, los tiempos de siembra en el conocimiento ancestral de los ciclos de la luna y en el huerto casero las recetas mágicas para superar los quebrantos de salud, sin los nocivos efectos secundarios de las costosas drogas de las multinacionales a quienes se les hipotecó la Soberanía Nacional.


Casa en Guaimaral 




Viviendas en el corregimiento del Español que deben preservarse.





Corregimiento del Español


Se creyó que la declaratoria por parte de la UNESCO del paisaje cafetero, como Patrimonio de la Humanidad, nos iba a devolver la cordura de reconocer y reivindicar los agonizantes atributos de nuestra cultura, pero en sintonía con la realidad virtual que nos caracteriza sólo retórica, ríos de tinta, discursos vacíos y demagógicos reemplazan las acciones llamadas a recuperar la cultura inherente al maná vegetal. Los efectos de la declaratoria no llegó a la zona rural donde las precarias condiciones no auspiciaron el relevo generacional y el tema es griego o mandarín para los campesinos ; todos los días las casas de bahareque, nuestras pagodas, diseñadas para armonizar con las laderas y montañas,  fiel expresión de un lenguaje arquitectónico vernáculo,  son reemplazadas por cajas de cemento, consideradas por los nuevos propietarios rurales como chalets símbolos de “modernidad” que lucen en el campo como una silla de montar a una vaca.





San Juan La Capilla.


Potreros


La Florida




El Español




Colmenas

El tiempo transcurrido desde la alentadora manifestación de la ONU, nos induce a pensar que los dineros esperados no van a venir o al menos en la cantidad esperada, por eso, las administraciones locales deben asumir  un plan de acción que rescate el patrimonio cultural y ambiental de la casi vandálica iniciativa privada sin intervención estatal,  estableciendo, entre otras estrategias, inventarios precisos del estado de las viviendas, predios con relictos boscosos nativos refugios de nuestra acorralada fauna, propiciando cadenas productivas y la recuperación de la memoria histórica para implementar planes de mejoramiento de vivienda respetando la esencia de las técnicas constructivas raizales, ofrecer estímulos tributarios que la ley permite, para quienes conserven zonas boscosas y promuevan corredores biológicos y cercas vivas y  sensibilizar al campesino del valioso papel que cumple y ha cumplido en nuestra comunidad.






Camino Potreros Santana





El Lembo.






La Capilla







Tarapacá





Plaza de Bolívar





Calle Real



Santa Bárbara.

La Gorgonia

Santa Rita


Si no asumimos un cambio de actitud,  nos pasará como al Coronel de García Márquez, esperando una dádiva oficial que nunca llegó,  quedando con  el título y sin el paisaje.


Con el título y sin el paisaje?







       

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